Instituto John Henry Newman, Universidad Francisco de Vitoria

Can you hear this whistle blowing? El sentido religioso en la última obra de Bob Dylan

Pablo Velasco

Es un artista fijo en todas las listas de los mejores músicos de la historia y sus discos siempre están entre los imprescindibles del rock. Un creador capaz de lo mejor y lo peor. Un excelente guitarrista, un magnífico letrista (suele estar en las quinielas del Nobel de Literatura), un genio creativo capaz de hacer versiones de sus propias canciones (a veces los neófitos en sus conciertos se quejan de no poder reconocer sus éxitos), una personalidad hosca y malhumorada con los fans, una voz realmente personal... Todo ello jaleado por una biografía controvertida: dos matrimonios, varios hijos, un grave accidente, un periodo de reclusión, una infección de corazón que casi le provoca "ver a Elvis antes de tiempo"...

Pero ¿quién es Bob Dylan? Muchos responderán que es un cantante "protesta", y rememorarán fotografías en blanco y negro, empuñando una guitarra acústica en un mitin en contra de la segregación racial en los años 60. Pero Dylan siempre ha renunciado a esa calificación. "No soy ningún profeta", afirmaba con firmeza. En el Festival Folk de Newport fue abucheado por un público que casi le exigía ostentar esa bandera.

Al analizar su obra habría que dar la razón al propio Bob. De los casi 60 discos de estudio (contando recopilaciones y rarezas) sólo podríamos calificar como netamente de protesta uno de ellos (The Times They Are A-Changing). Sin embargo deteniéndonos en sus letras sí podríamos entresacar una características de su obra. En sus canciones Dylan se muestra como un excelente narrador, que nunca olvida las intrahistorias; a veces habla a un tú al que avisa de los "signos de los tiempos" con metáforas que precisan una gran atención y encierran más de lo que parece a primera vista; muestra explícitamente la influencia de su propia biografía y de la tradición de la que es consciente ostentador; por todo ello las canciones de Dylan son un cristal de tiempo al que nos tenemos que atrever a mirar, sin miedo a quedarnos atrapados.

Todas estas características están siendo subrayadas por el artista en sus últimos discos. Quizá son los discos menos conocidos, los más minusvalorados, incluso aceptados con cierta condescendencia desde las grandes obras de los años 60. Quizá sean el lugar idóneo para encontrarnos al Dylan más auténtico, al que habla hoy, tras todo lo vivido.

A lo mejor ahora es cuando merece la pena prestar atención a la poesía de Bob Dylan. Ahora que no estamos ante una iconoclasta figura ni romántica idea de papel cuché.

En su todavía último disco de estudio, Tempest, lanzado en septiembre de 2012, declaró que tenía intención de hacer un disco religioso, "quería hacer canciones intencionales y específicamente religiosas", pero desechó la idea por no tener suficiente material.

La escucha de Tempest puede probar las declaraciones en caso de que tratemos el adjetivo "religioso" de un modo convencional, casi superficial, quizá Dylan estaba pensando más en un disco "gospel", como los que facturó a principios de los 80 y que forman su trilogía religiosa: los imprescindibles Slow Train Coming, Saved y Shot of Love.

Pero en las canciones de Tempest atisbamos temas como el mal, la piedad, la venganza, el amor, la culpa... la muerte. En ellas hay un profundo anhelo, una mirada alta, una pregunta.

Son un conjunto de canciones que viajan desde el folk, al blues, al country. Con delicadas melodías, pero sobre todo con una clara intención: subrayar y afianzar la voz de Dylan, que a sus 73 tacos está impresionante. Una voz ronca que tiene mucho que decir.

Albert Camus proponía la metáfora de un despertar en un tren en marcha como ejemplo de lo que tendría que ser nuestra vida: preguntarnos a donde vamos, por qué estamos allí, de dónde hemos partido... De hecho para Dylan la imagen del tren ha estado presente en momentos fundamentales de su discografía: por supuesto en los primeros discos, herederos directos de la tradición folk, donde los trenes son un lugar común; pero más tarde sirvió para que Bob señalara que el reino de Dios se acerca como un tren lento en la maravillosa Slow Train Coming allá por los principios de los años 80.

Ahora, en pleno siglo XXI, la canción que abre Tempest, Duquesne Whistle), una tonada de country-western a simple vista luminosa, pero llena de avisos para los nubarrones que se acercan: ¿no escuchas el silbido del tren que se acerca?

Can´t you hear that whistle blowing

Blowing like the sky´s gonna blow apart

You´re the only thing alive that keeps me going

You´re like a time-bomb in my heart

Las figuras apocalípticas son una constante en la obra de Dylan. Los cielos que vuelan en pedazos, los silbidos que avisan...

En la siguiente canción, Soon After Midnight, en ese momento especialmente indicado para retirarse, para reconciliarse, como es poco después de medianoche afirma:

I´m searching for phrases

To sing your praises

I need to tell someone

It´s soon after midnight

And my day as just begun

My heart is cheerful

It´s never fearful

I´ve been down on the killing floors

I´m in no great hurry

I´n not afraid of your fury

I´ve faced stronger walls than yours

En esta balada con reminiscencias al salmo 144, Dylan va configurando una necesidad de agradecimiento y se pone en disposición de exponerse a una presencia misteriosa, a una presencia a la que no teme.

Después nos encontramos con Narrow Way, el camino estrecho de un blues cavernoso:

Look down angel from the skies

Help my weary soul to rise

I kissed your cheek, I dragged your plow

You broke my heart, I was your friend til´now

It´s a long road, it´s a long and narrow way

If I can work up to you, you´ll surely have to work down to me someday

En este camino estrecho reconoce que ha besado su mejilla y ha tirado de su arado, cae en la cuenta de que alguien tiene que ir en su búsqueda, de que él por sus propias fuerzas no puede llegar a ese lugar donde la realidad que tiene asida le muestra.

En el mismo disco, la canción que le da nombre, Tempest, encontramos al Dylan narrador al nivel de Hurricane. Son 14 minutos acompañados de una melodía de tradición irlandesa contando el hundimiento del Titanic.

They waited at the landing

And they tried to understand

But there is no understanding

For the judgment of God´s hand

News came over the wires

And struck with deadly force

Love had lost its fires

All things had run their course

Ante el dolor, solo nos queda descalzarnos en ese terreno sagrado.

He aquí unas breves muestras de la Tempestad de "ese cantautor protesta", de un músico que invita a preguntarse, a no dar las cosas por sentadas, a transfigurar la propia vida a través del arte.

Fotografía con licencia de Creative Commons (Attribution/NonCommercial) de Paul Townsend, Flickr 

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