Instituto John Henry Newman, Universidad Francisco de Vitoria

Apología del silencio

Sophie Grimaldi

“No se entiende absolutamente nada a la civilización moderna si uno no admite primero que ella misma es una conspiración universal en contra de todo modo de vida interior.” Georges Bernanos había intuido y plasmado con la fuerza que le es propia lo que esclaviza al hombre contemporáneo: el ruido. Al contrario, el silencio es un tipo de pobreza voluntaria, ya que en el discurso edificamos nuestra seguridad, protección y justificación. Renunciar en gran parte a ello hace caer nuestro yo social y deja al desnudo lo que somos realmente. Para llegar al conocimiento de uno mismo, los Padres del desierto preconizaban el recogimiento. Porque el alma agitada así se calma y en esta paz su receptividad se agudiza.

Silencio, patria del misterio

Callarse hoy es subversivo, es entrar en resistencia. Es reconquistar su intimidad. Adorar, sufrir, amar, pensar, agonizar, todo lo que es esencialmente humano está tejido de silencio.  En este sosiego, no se encuentra uno con un desierto desesperante sino que descubre la fuente de la vida interior. Esa es la experiencia de Etty Hillesum, atea de origen judío que se encontró con Dios en el tiempo oscuro de la Shoah. Ella compara su alma confusa a un pozo muy profundo lleno de tierra y piedras. Cuando se esfuerza en quitarlas, encuentra que el fondo del pozo no está  vacío sino que hay una presencia, Dios. Y Etty Hillesum descubre asombrada que ahí estaba Él desde siempre, habitando en lo más intimo de su ser, debajo de todos esos escombros que ella había acumulado.

María, vocación silenciosa

“El ruido no hace bien y el bien no hace ruido.”(3) María al pie de la Cruz no dijo una sola palabra. Sin embargo, parecía tan evidente gritar y lamentarse cuando se le desgarró el alma viendo a la carne de su carne y al Dios de sus padres torturado y clavado a un tronco. No fue un silencio de indiferencia, ni del superhombre de Nietzsche al que nada le hiere. Fue el silencio de un corazón traspasado. Un corazón hecho no de pecado pero sí de debilidad, y que latía al mismo ritmo que el de su Creador agonizando. El dolor humano más profundo de todos los tiempos fue mudo.

Allí está la dignidad personificada. No en un sentido estoico sino como realidad esencial de la persona, es decir, merecedora de algo más que de este mundo sensible. En el silencio está la promesa de que existen realidades que nos superan, que no caben en nuestro carente lenguaje. Cuando por fin dejamos de hincharnos de discursos y experimentamos que frente al misterio las palabras se quedan vacías, llegamos a tocar lo “indecible”.

El escándalo del silencio de Dios

Benedicto XVI, en Auschwitz,  se preguntaba por la humanidad del hombre haciéndose eco de la pregunta mil veces formulada en este lugar: “¿Dónde estaba Dios?”.  Y el viejo Papa sabio solo indicó la dirección señalando que la respuesta se encerraba en el “secreto de Dios”… En este secreto está toda la Providencia entrelazada con el silencio divino incomprensible. Este  que Cristo sufrió en la Cruz cuando Dios le retiró la palabra a Dios y cuando, al mismo tiempo, se estaba realizando la salvación de toda la humanidad.

Puede que, a veces, Dios se esconda para que le busquemos y que, en esta búsqueda, nos volvamos a dar cuenta de que tenemos alma. En la obra de teatro “Seréis como Dioses” (2) el filósofo Gustave Thibon imagina un mundo donde los hombres, gracias a la ciencia, ya son inmortales. Parece el paraíso terrenal y, sin embargo, la protagonista quiere morir. Siente que este mundo materialmente perfecto no llena sus aspiraciones. Prefiere pasar por el umbral de esta muerte ya no necesaria porque ansía saber si hay algo más, si hay Alguien. Y para ello se juega su inmortalidad terrenal. Muere de la necesidad de saber si tiene alma.

El hombre contemporáneo, engañado por su poder tecnológico,  ya no quiere escuchar y solo habla, habla, habla... Y Dios en su infinita sabiduría, se calla. El ser humano, pobre crédulo, cree haber ganado la partida. ¿Algún día se dará cuenta de que ya habla solo? Cuando eso pase, por fin, se volverá a encontrar con el Verbo.

(1) « On ne comprend absolument rien à la civilisation moderne si l’on n’admet pas d’abord qu’elle est une conspiration universelle contre toute espèce de vie intérieure. » La France contre les robots.G. Bernanos.

(2) «Un pozo muy profundo hay dentro de mí. Y Dios está en ese pozo. A veces me sucede alcanzarle, más a menudo piedra y arena le cubren: entonces Dios está sepultado. Es necesario que lo vuelva a desenterrar.»Etty Hillesum, Diario 97.

(3) San Francisco de Sales.

(4) Gustave Thibon. Vous serez comme des Dieux.

1 Comentario
1 Santiago
11/03/2015 18:50:12
Evocador!
Me han parecido unas reflexiones evocadoras y bellas. Este pasaje sobre el 'Secreto de Dios' lo encuadraría:

'En este secreto está toda la Providencia entrelazada con el silencio divino incomprensible. Este  que Cristo sufrió en la Cruz cuando Dios le retiró la palabra a Dios y cuando, al mismo tiempo, se estaba realizando la salvación de toda la humanidad'

Gracias!
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