Instituto John Henry Newman, Universidad Francisco de Vitoria

Por sus obras los conoceréis: el superhombre nietzscheano y sus frutos.

María Roldán

En nuestros días presentes el pensamiento nietzscheano tiene más fuerza que nunca. Sus obras vuelven a ser editadas a bajo coste para que todos poduedan acceder a ellas. Nuestros jóvenes posmodernos lo leen con entusiasmo y pasión. Es un amor correspondido: Nietzsche es un rompecorazones y un Don Juan de almas buscadoras de un nuevo sentido. Nietzsche es la leña que alimenta nuestro fuego interior con arrebatos, sentimientos y discursos emotivos.

Su legado más preciado es el superhombre. ¿Quién es? ¿Qué nos ofrece? ¿Estamos llamados a convertirnos en uno de ellos o a seguirle?

El superhombre o último hombre es el resultado de la muerte de Dios. Una vez eliminado Dios, el último hombre deja de perder su tiempo en los asuntos celestes para dedicarse a sí mismo y cultivar al superhombre.

La pérdida del idealismo, afirma Eugen Fink, puede provocar el empobrecimiento del ser humano reduciéndolo al homo faber, un ser racional y banal que vive mecánicamente. O también existe la posibilidad de encauzar este idealismo y direccionarlo al hombre, dotarlo de atributos sobrenaturales pero no divinos y hacer de él objeto de veneración. Posee la capacidad creadora y proyecta sus ansias en su realidad más inmediata. Este superhombre ha echado a Dios de su potestad y coloca en su lugar a la tierra, única realidad que conoce a priori. Esto es la transmutación del idealismo.

Será la transmutación del idealismo la solución, según Nietzsche, a la ruptura interior que sufre el ser humano desde el principio de los tiempos. Para el poeta este desgarro interior es fruto de aquel hombre que adorando al Dios celeste anhela sus virtudes inmateriales provocando un odio atroz a su cuerpo por representar lo contrario a sus deseos de parecerse a Dios. El superhombre es la curación de este desgarro porque le otorga a su corporeidad, única realidad cognoscible, el lugar que le corresponde, el centro de la existencia. Según Fink el superhombre es “la transformación por la que se pasa de la autoalienación a la libertad creadora que se conoce a sí misma” . Esta transformación la explica mediante la revelación de las tres transformaciones utilizando la imagen del camello, el león y el niño.

El superhombre se caracteriza por ser la nueva “luz del mundo”, es un hombre que se transciende a sí mismo, es soberbio y astuto. Son atributos escogidos con un propósito, Nietzsche no da puntada sin hilo, quiere que sean todo lo contrario a los atributos cristianos de mansedumbre, humildad, obediencia… el superhombre es un anticristiano.

En la escena vital únicamente se ha quedado la madre tierra, la nueva diosa, y el superhombre, la única esperanza, encargado de crear y cultivar nuevas expectativas y nuevos horizontes.

Esto fue muy bien asumido e interiorizado por el alemán de los años treinta. Las obras del profeta y las teorías darwinistas fueron el caldo de cultivo de aquella Alemania. Después de la humillación y derrota de la Gran Guerra decidieron instaurar un nuevo episodio dentro de la historia de occidente. El protagonista sería el superhombre germano. Mediante su voluntad de poder instauraría un régimen donde se impartiría justicia y se otorgaría el estatus correspondiente a este hombre superior. En esta etapa histórica no cabían los humildes, los pobres ni los que se arrodillan ante Dios. Ni muchos otras más. Serían sus bases o fundamentos desde donde iban a construir su identidad. Una identidad que los diferenciaría del resto de estados, sería su nuevo modo de ser en Europa.

El 28 de Febrero de este año hemos celebrado el 70 aniversario de la liberación del campo de Auschwitz. Instrumento de eliminación de aquellas personas que no cumplían con los requisitos del nuevo orden alemán.

El nuevo modo de ser le costó la vida a miles y miles de personas: judío, gitanos, opositores al régimen, testigos de Jehová, católicos y cristianos en general, homosexuales, y miles de discapacitados psíquicos y físicos arios.

Los frutos del superhombre germano fueron la eliminación del 10.000 judíos diarios en las cámaras de gas de Auschwitz. Daba igual que fuese un niño de pecho, un infante, que una mujer, una anciano/a… Llevaron a la perfección la cultura de la muerte de una forma legalizada y tecnificada.

Mi pregunta es, ¿Nietzsche fue consciente de lo inabarcable que podían ser las consecuencias de deificar al hombre? ¿O las consecuencias que tendría el combate de egos para ocupar el lugar de Dios?

La voluntad de poder germana justificó la eliminación de todos aquellos que no cumpliesen los requisitos de esta nueva forma de vivir y entender la realidad que había impuesto. Este nuevo hombre sólo debía justificarse a sí mismo. Todo le estaba permitido hasta que otro superhombre impusiera su modo de existir.

Cada día que el mundo se pone en funcionamiento, se dan infinidad de encuentros entre personas. Encuentros marcados por el impulso de imponer al otro nuestra forma y modo de entender la realidad. La era posmoderna con su fuerte tendencia a la individuación y fomento de egos tiránicos es la cantera perfecta de superhombres dispuestos a la lucha. Una lucha que no tiene fin.

¿Es ésta la finalidad del hombre? ¿Es el combate entre hermanos su modo de existencia? ¿Estamos libres de crear otro nuevo y más sofisticado Auschwitz?

María Roldán es licenciada en Humanidades y actualmente está trabajando en su tesis doctoral sobre Auschwitz y la problemática del hombre posmoderno. De Adorno a Bauman. Un nuevo enfoque antropológico. Combina sus estudios con su trabajo como becaria adjunta al departamento de Formación Humanística en la Universidad Francisco de Vitoria.

1 Comentario
1 Claudio Nogueiras
04/05/2015 16:24:00
que buena nota! realmente ilumina a tanto perdido que anda por allí cantándole las loas a este siniestro personaje ideologo del nazismo... y del cual se alimentan muchos como si se tratara de agua insípida y potable...
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