Instituto John Henry Newman, Universidad Francisco de Vitoria

Volviendo a meter los pies en el tiesto

David García Díaz

El II Ciclo Horizontes de Razón Abierta, organizado por el Instituto John Henry Newman y la carrera de Biotecnología, ha llegado a su fin. Tras las dos magníficas ponencias ofrecidas por parte del Dr. José Manuel Giménez-Amaya en torno al tema de las neurociencias y por el Dr. Rafael Jordana sobre cuestiones paleoantropológicas, era hora de recapitular y precisamente eso han hecho los Profesores  Ángel Sánchez-Palencia y Tomás Alfaro en la tercera y última conferencia recogida bajo el título: El origen del hombre y las neurociencias: ¿qué tiene que ver conmigo?

La conferencia comenzaba con un Sánchez-Palencia que prometía compartirnos un pensamiento en alto, situándose humildemente a los pies de los dos colosos que le habían precedido en este ciclo sentando cátedra. Pero lejos de ser un mero pensamiento en alto la conferencia se convirtió en una oda al orden y al sentido, un volver a meter los pies dentro del tiesto.

Es necesario a la hora de plantear cualquier investigación conocer su alcance epistémico, es decir, la cantidad de disciplinas que se ven involucradas en el planteamiento de la cuestión. En este caso, Ángel nos hacía caer en la cuenta de cuantas disciplinas se encargan de abordar el estudio de los orígenes del hombre y nos invitaba a dudar de todas aquellas soluciones que, aplicando la navaja de Ockham, pretenden resolver de manera sencilla problemas complejos, reduciendo la totalidad a un único campo de acción.

Pero, ¿por qué organizar un ciclo de conferencias sobre el origen del hombre dentro de un instituto que se encarga habitualmente de plantear preguntas sobre el destino del mismo? Desde el Instituto John Henry Newman se plantean la cuestiones de los orígenes porque la respuesta a esa pregunta hipoteca la respuesta por el destino y por tanto la respuesta a la pregunta por el sentido de la vida humana, que no es la vida de un ente abstracto sino el sentido de la vida singular y concreta, es decir de mi propia vida. La pregunta del sentido está íntimamente ligada a la pregunta de qué soy y de dónde vengo.

En la mentalidad colectiva se piensa que el hombre es un mero fruto de la evolución biológica, un animal venido a más, pero un animal entre animales. Se piensa que solamente somos un producto de la evolución biológica, aunque un producto muy logrado que realiza operaciones muy complejas, y que esto está científicamente demostrado. La respuesta a la pregunta por el destino del hombre está implícita en esta respuesta por los orígenes, pues si solamente somos un animal fruto de la evolución el destino que nos cabe esperar no es diferente al del resto de los animales.

Sin embargo, el método utilizado por las ciencias empíricas no abarca el planteamiento de esta cuestión, sino que es la filosofía la que, partiendo de las conclusiones de las ciencias de la naturaleza, debe intentar dar respuesta. La ciencia responde a las cuestiones de la función y el proceso, pero no a las del origen ni la finalidad. Las neurociencias nos informan de que ciertas lesiones neuronales privan al ser humano de operaciones superiores que le son propias. Dañado el órgano no se da la función y esto nos lleva a pensar que el órgano es causa de la función. Siendo así la pregunta es: ¿es la material la única causa?, ¿es la causa material causa suficiente para explicar las operaciones psíquicas superiores del hombre? En efecto, el desarrollo del sistema nervioso y el proceso de encefalización, que se producen en el proceso evolutivo, son una causa necesaria para que las capacidades psíquicas superiores del hombre se manifiesten. Pero para responder si es causa suficiente debemos recurrir a la filosofía: ¿cómo podemos explicar la autoconciencia y autodeterminación humanas recurriendo únicamente a la materia que se comporta de manera precisa, forzosa y necesaria?, ¿cómo puede ser la libertad que experimenta en su día a día al hombre fruto de algo perfectamente predecible y estereotipable? Parece que la causa suficiente no puede ser la materia y esto nos lleva a considerar la presencia de un principio espiritual en el hombre. Solamente en el diálogo entre las ciencias de la naturaleza y la filosofía podemos encontrar respuestas suficientes al complejo fenómeno que es el hombre.

Normalmente en la mentalidad colectiva se piensa también que la racionalidad humana emerge de la complejidad biológica ascendente pero, ¿por qué no darle la vuelta a la hipótesis? ¿Podría ser que el proceso de hominización, es decir el proceso de evolución morfológica, sea posterior al proceso de humanización, es decir de la aparición de la inteligencia humana? Sabemos que donde hay rastros de cultura hay un ser inteligente detrás y no parece descabellado pensar que, apoyados en los datos que arroja la paleoantropología y sin violar los principios y leyes de la biología, los caracteres que se han ido seleccionando en la especie humana a lo largo del tiempo hayan ido en la línea de aquellos que han permitido expresar mejor la espiritualidad del hombre. Podemos llegar así a la conclusión de que nuestra morfología expresa nuestra espiritualidad, pues este ha sido su factor selectivo. Un indicio de ello puede ser que nuestra morfología presente desarrollos evolutivos contradictorios, es decir, que nuestra evolución parece ir en contra con los fines marcados por la biología y que son muy difíciles de explicar sin la presencia de la racionalidad en el hombre. Podríamos llegar así a la conclusión a la que llega Portmann: el ser humano es un objeto impropio de la biología. Esta reflexión necesitaría de mucho más espacio y datos que lo sostengan, pero este no es el momento ni el lugar.

Para cerrar el Profesor Sánchez-Palencia nos proponía una idea muy sugerente de Spaemann y es que para superar la escisión actual entre las ciencias de la naturaleza y las ciencias humanas, si queremos integrar y superar dicho cisma para poder explicar al hombre en su totalidad, la única posibilidad de síntesis se encuentra al abrigo de la idea de creación que introduce un código nuevo para poder interpretar la realidad. Si seguimos el rumor del ser que aspira a su no ser, no con las ciencias que se encuentran al alcance de nuestra razón, sino desde un punto de vista existencial, somos capaces de transcender el absurdo para situarnos al lado del misterio. La ciencia y la filosofía jamás podrán responder a este rumor, aunque son necesarias para iniciar el camino que nos lleva hasta él y solo quién quiere seguir el rumor encontrará la respuesta en la teología.

Con esto y con un breve debate entre el Profesor Alfaro y el Profesor Sánchez-Palencia sobre la aparición de la racionalidad y cuales podemos considerar como sus primeras manifestaciones se cierra un ciclo magnífico que espera seguir contando en las próximas ediciones con científicos y filósofos de la altura intelectual de los que nos han acompañado este año. Gracias a todos los asistentes, esperamos veros el curso que viene.

David García Díaz es licenciado en Biotecnología con título propio en Administración y Gestión de Empresas Biotecnológicas (2011) y Máster en Humanidades (2013) por la Universidad Francisco de Vitoria. Actualmente se encuentra elaborando su tesis doctoral enmarcada en la línea de investigación Antropología Integral de la UFV dónde desarrolla su labor investigadora y docente.

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