Instituto John Henry Newman, Universidad Francisco de Vitoria

Fumito Ueda, sensibilidad y videojuegos

Aaron Cadarso Ortíz

En la pasada feria mundial de videojuegos, la E3 (Electronic Entertaiment Expo) se anunció por parte de la compañía nipona PlayStation, la llegada en 2016 del videojuego The Last Guardian que tras el anuncio de 2009 y números retrasos quedó sin embargo en un proyecto dramáticamente inacabado. Ahora, tras diez años de ausencia, el estudio prepara su regreso con un videojuego con la misma clave que hizo inmortal a sus dos únicos juegos desarrollados: la sensibilidad.

Fumito Ueda, japonés entusiasta y calmado de 45 años por fin podrá dar continuidad a su imaginario en su tercer videojuego. Ueda es uno de los diseñadores de videojuegos más personales, alejados del estricto y mecánico esquema de videojuegos contemporáneos. Afirmó en alguna ocasión que si no se hubiera dedicado a diseñar videojuegos habría sido artista, de hecho lo intentó varios años pero el destino le reservó un papel crucial para el mundo de los videojuegos:  fue él quien se encargó de dirigir, crear y liderar dos proyectos que a día de hoy siguen siendo considerados como claros exponentes de videojuegos de culto, Ico (2001) y Shadow of the Colossus (2005). Icónicos videojuegos pertenecientes a la sexta generación de consolas, donde se pudieron disfrutar a través PlayStation2.

El primer trabajo como director y diseñador de Fumito Ueda fue Ico y resultó ser el punto de partida de lo que él mismo describe como “arte sustractivo” en los videojuegos. Un videojuego de acción-aventura en clave afectiva con pocos diálogos que configuran un relato íntimo y épico al mismo tiempo.

Ico es sencillamente una historia universal sobre el afecto y el valor ante la adversidad. El jugador controla a Ico, un niño con cuernos que debido a su condición es llevado forzosamente de su aldea a una fortaleza abandonada y sombría para ser encerrado en una celda de piedra. Ese es el punto de partida. Tras escapar de su confinamiento deambula por la solitaria fortaleza buscando una salida hasta que da con una jaula donde se encuentra una débil y tímida niña de aspecto luminoso cuyo nombre es Yorda. Ico/jugador deberá guiar y defender a Yorda de todos los peligros que les acechen hasta lograr escapar. Hay que tener en cuenta que el jugador debe, literalmente, dar la mano a Yorda para tirar de ella y avanzar de esa forma, corriendo de la mano y huir del lugar donde Yorda parece estar vinculada pues en realidad resulta ser la hija de la reina de la fortaleza, un ser oscuro que al contrario de la candidez de su hija, utiliza a los niños como Ico, niños con cuernos, para robarles vida y permanecer por siempre inmortal.

A priori resulta una historia algo fantasiosa como para resaltar puntos como el afecto, el miedo a la pérdida, el apego emocional y el deber de afrontar la injusticia pese a ser insignificantes contra el poder desatado del mal.

Ico y Yorda (Ico, 2001)

Esas claves continuaron en su siguiente trabajo y Ueda se explayó mas que nunca en  Shadow of the Colossus, una historia de fantasía mítica sobre el amor donde controlamos a un joven llamado Wonder (del inglés wanderer, “alguien que deambula”) que se adentra junto a su fiel caballo Agro en las tierras prohibidas de los colosos con la promesa de devolver a la vida al cuerpo envuelto en un manto que lleva consigo, la doncella Mono. Tras llegar a un santuario Wonder deja en el altar el cuerpo sin vida de Mono. En ese momento una voz de un ser incorpóreo llamado Dormin, un ente del santuario, le revela sorprendido a Wonder que gracias a la espada mágica que porta podría recuperar el alma de su amada, no sin antes derrotar a los 16 colosos que pueblan las tierra prohibidas y debiendo pagar finalmente un gran precio por revivir a Mono. Con cada coloso derrotado Wonder empeora mientras que el aspecto de Mono mejora. Cuando amas a alguien haces cualquier cosa por esa persona.

El videojuego hace especial hincapié en mostrar un universo melancólico, vacío, carente de humanidad. Al recorrer el mundo con Agro se experimenta una sensación de desasosiego y desesperanza por lograr el difícil objetivo de derrotar a todos los colosos. Lo que resulta  interesante es como se experimenta una sanación de inquietud al acabar con los colosos, seres míticos, últimos de su especie. Sin duda una de esas historias que perdurarán en el tiempo mas allá del apartado técnico, por tener una capacidad innata de transmitir emociones y sensaciones que hacen que el jugador experimente un viaje de partida y regreso que le catapulte a vivir la aventura de sentir, esta vez interactivamente.

Wonder contemplando a Mono (Shadow of the Colossus, 2005)

Llegados a este punto y ligada a los seres mitológicos como son los colosos, llega el turno a la nueva criatura del próximo juego de Ueda, The Last Guardian, una criatura gigante emplumada, semejante al grifo, llamado Trico (prisionero o “pajarito” en Japonés) . La trama del juego se basa en la relación de amistad entre un niño, que intenta escapar de un precipitado y ruinoso templo del que se encuentra cautivo, y este ser mitológico llamado Trico. Desde un principio la criatura será hostil hacia el niño pero a medida que avanza la historia desarrollará un apego emocional característico a Ico y Shadow of the Colossus.

En resumidas cuentas, Fumito Ueda ha facilitado a sus coetáneos un universo interactivo que no por pertenecer al medio de los videojuegos ha significado que cada experiencia “videojueguil” sea fríamente artificial sino todo lo contrario, un descubrimiento sobre los afectos y sentimientos del propio jugador derribando la barrera de plasta, antes cristal, que separaban al jugador de la historia y fundamentos de los que se hacen cargo en la trama.

Ueda regresará en 2016 con The Last Guardian y su vieja fórmula, siendo el último guardián de la clave narrativa y humana de entender los videojuegos como un medio de comunicación intima y emotiva. Podría interpretarse como reiterativa, pero cuando hablamos de emociones, la experiencia de sentir afecto no cansará nunca pues pervive fuera del videojuego, llegando a nuestra cotidianidad y haciendo de nosotros forzosos héroes sensibles al bien que deben y quieren defender a aquello que aman de lo malo de este mundo. ¿Y qué es eso? Pues la mentira, de la falta de afecto, del odio, y de la pérdida de nuestras tradiciones.

Imagen promocional del niño y la critura llamada Trico (The Last Guardian, 2016)

Aaron Cadarso Ortíz es licenciado en Comunicación Audiovisual por la UFV con título propio en cinematografía. Actualmente escribe críticas cinematográficas para el medio Revista Red Carpet. Trabaja como gestor de la web del Instituto John Henry Newman con funciones de redactor y community manager.

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