Instituto John Henry Newman, Universidad Francisco de Vitoria

Lawrence de Arabia, esperanza en la Libertad Introducción

Juan Rubio de Olazábal

En entregas anteriores analizamos el modo en que los personajes de David Lean luchan contra el Destino. En Doctor Zhivago y El puente sobre el río Kwai el protagonista deposita sus esperanzas en la belleza y en el trabajo respectivamente. En el caso de Lawrence de Arabia, la película más emblemática del director británico, se trata de la libertad. El hombre, si se lo propone, puede lograr lo que quiera y no, “Nada está escrito”, como le dice Lawrence al Sherif Ali, interpretado por Omar Sharif.

T.E. Lawrence es un militar británico que se ha propuesto la titánica -y esta palabra seguramente resulte la más apropiada de todas para definir su periplo con todos sus matices- de aliar a las tribus árabes en una sola fuerza capaz de derrocar a los turcos en medio de la Iª G.M.  De toda la filmografía de Lean, seguramente sea ésta la que adopte con mayor nitidez los rasgos de una tragedia en el sentido más clásico, pues no en vano Lawrence de Arabia gira en torno a los límites del libre albedrío y al determinismo que planea sobre toda existencia humana.  

La película, de este modo, se desarolla en torno a una tensión constante entre dos elementos fundamentales: lo divino y lo humano. Dicho antagonismo adquiere diferentes modalidades según los tramos de la película (sublime vs vulgar, identidad vs desarraigo, pureza vs suciedad) pero en definitiva la pregunta en el aire siempre es la misma: ¿Hasta qué punto es libre el ser humano? ¿Hasta qué punto puede confiar en su inteligencia, su voluntad y su coraje para acometer la travesía de la vida? ¿Hasta qué punto su anhelo de absoluto es una realidad o un espejismo?

Las dos primeras secuencias de la película reflejan a la perfección el contraste que, como explicamos, constituye el fundamento de toda la historia. La primera narra el accidente de motocicleta de Lawrence en los años treinta. Un tipo corriente sale de su casa y empieza a recorrer una carretera de la campiña inglesa. Segundos después se cruza con unos ciclistas, pierde el control de la moto y descarrila. Una muerte vulgar, en el sentido amplio de la palabra, pues lo siniestro y fatal irrumpen inesperadamente en lo cotidiano para traer una muerte que nada tiene de heróica, y totalmente desprendida de significado trascendental. Un tipo que se levanta por la mañana y muere de forma absurda en una pequeña carretera comarcal. La segunda secuencia nos presenta, sin embargo, una faceta definitoria del difunto: era un héroe. A la salida del funeral, todos los testimonios coinciden en señalarle como un hombre valeroso que marcó los destinos de muchos en la campaña británica de Oriente Medio durante la Iª G.M.  Inmediatamente después del accidente, el montaje corta a un primer plano de un busto de Lawrence: hemos presenciado la muerte del hombre, ahora vamos a conocer la forja del mito. La dualidad central de la película ya está asentada: el anónimo que acaba de morir tuvo un pasado glorioso. Y es este pasado, el origen de su leyenda, de lo que trata la película.  

Además de conjugar los elementos más característicos de la tragedia griega con una puesta en escena y una fotografía impecables, Lawrence de Arabia representa el apogeo artístico e industrial del cine clásico hollywoodiense. Una epopeya iniciática sobre los anhelos y limitaciones más profundos del corazón humano.  

Juan Rubio es licenciado en Comunicación Audiovisual por la UFV y titular del máster de guión audiovisual de la UN. Actualmente desarrolla su carrera como escritor de ficción en televisión y cine.

Artículos anteriores de Juan Rubio de Olazábal sobre la filmografía de David Lean.

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