Instituto John Henry Newman, Universidad Francisco de Vitoria

El precio de la felicidad 3.0

Aaron Cadarso

Durante el verano tendemos a pensar en disfrutar del tiempo libre pero por el contrario al regresar a la rutina, se producen fenómenos sociales como el famoso síndrome postvacacional. El hombre occidental tiende a desvitalizar su vida al regresar al trabajo y obligaciones, habiendo malentendido el sentido de tener tiempo para sí mismo en el periodo estival. La vitalidad independiente del presupuesto para el verano no debe afectar al grado de satisfacción o realización personal.

Hoy en día, debido a las redes sociales se produce otro fenómeno social, algo incómodo, que antaño no se podía documentar como es el caso del exhibicionismo social que ha convertido nuestra vida en una competición de confort, lugares o éxito a través de las redes sociales. Pero como ocurre en los penaltis, tras una dura prórroga de un igualado partido de fútbol, la  procesión va por dentro para quien lanza el penalti. Los “Reinos de Taifas” de cada persona, reinos exuberantes que ocultan una derrota imparable, van cayendo y solo aquellos que no tienen que demostrar nada a nadie son plenos pues como decía Henry Frédéric Amiel:

-“La verdadera humildad consiste en estar satisfecho”.

©Quino

Desgraciadamente planeamos demasiado nuestra agenda pública de cara a la galería. El esquema vital, que comúnmente aceptamos, es que vayamos hacia algún sitio alejado de nuestra rutina pero se nos olvida que en el fondo de lo que se trata es de pasar más tiempo con aquellos que queremos y en el silencio de nuestro disfrute conocerse a uno mismo independientemente de la cartera de la que se disponga o los privilegios vacacionales que se puedan disfrutar. ¿Quiénes somos en verano? ¿Puede uno descubrirse más a sí mismo en este periodo o, por el contrario, alejarse de sí? Pretendemos vivir una vida estipulada por modas y tendencias, condenada al sinsentido. ¿Por qué existe el síndrome postvacacional? ¿Qué anhelamos cuando empezamos el tiempo estival? ¿Sólo en vacaciones tiene uno la certeza de ser plenamente feliz? ¿Por qué no durante el año?

A donde quiero llegar es... ¿Tiene algún precio la felicidad? O más bien ese desasosiego sobre saber si hemos exprimido el verano nos genera la  impotencia de sabernos en el fondo infelices y lo que es peor tener la necesidad de ser felices. Un momento. ¿La necesidad de ser felices? La necesidad hace la acción pero la necesidad creada hace la adicción. ¿Somos realmente adictos a la felicidad cuando en el fondo se trata de algo innato en nosotros?

La felicidad no entiende de éxitos, lugares o de nivel adquisitivo. La felicidad está en nosotros, en cada día soleado y cada derrota estrepitosa. Solo aquellos que comprendamos que en las redes sociales, palacios digitales de conquistas materiales, la felicidad es trágicamente efímera descubriremos que la auténtica está en el sufrimiento diario de descubrir nuestro lugar en la vida. De esa felicidad es de la que hay que hablar en las redes sociales.

Aaron Cadarso es licenciado en Comunicación Audiovisual por la UFV con título propio en cinematografía. Actualmente escribe críticas cinematográficas para el medio Revista Red Carpet. Trabaja como gestor de la web del Instituto John Henry Newman con funciones de redactor y community manager.

0 Comentarios
Insertar comentario

* campos obligatorios

Aviso: el comentario no será publicado hasta que no sea validado.

  • facebook (en nueva ventana)
  • twitter (en nueva ventana)
  • linkedin (en nueva ventana)