Instituto John Henry Newman, Universidad Francisco de Vitoria

Antonio o de la gratuidad

Juan Serrano Vicente

Lo más dramático que puede sucedernos es que lo excepcional ocurra delante de nuestros ojos y no seamos capaces de reconocerlo. De un modo parecido definía Chesterton la mediocridad: “estar delante de la grandeza y no darse cuenta”.

Caminábamos un amigo y yo desde el aeropuerto João Paolo II hasta la ciudad de Ponta Delgada en nuestra breve escala en la isla de São Miguel entre la isla de Flores y Lisboa. Lo cierto es que el aeropuerto no está demasiado lejos del centro de la ciudad. En las Azores, incluso en São Miguel, la más grande y la más poblada, todo está relativamente cerca. Habíamos previsto tardar una hora en ir y otra en volver. Todo andando.

Apenas nos pusimos en marcha, a los cinco minutos de camino, —no habíamos siquiera dejado atrás el parking del aeropuerto— se detiene un coche a nuestro lado y nos preguntan si vamos a Ponta Delgada. Es cierto que en las Azores es común hacer autostop. Pero Antonio detuvo el coche y se ofreció a llevarnos. Incluso nos preguntó que a qué parte de la ciudad íbamos. “Al centro”, dijimos. Y empezamos a hablar de fútbol, de la eliminación del Sporting de Lisboa de la Champions y del sorteo de la fase de grupos. De Cristiano Ronaldo, del Chelsea de Mourinho y del Oporto de Casillas. Hablamos también de la isla. De cómo era posible que hubiésemos estado doce días en Flores y no conociéramos São Miguel, que “es como Flores pero diez veces más”.

Nos dejó, efectivamente, en el centro. Al lado de la Igreja Matriz de Ponta Delgada. Entramos a rezar un rato y yo me acordé de Antonio, nuestro chófer, y me conmoví. Un acto tan sencillo como el suyo es un acto que, paradójicamente, transforma el mundo. Tomé conciencia de que es algo completamente excepcional el hecho de que hubiera detenido el coche y nos preguntara si íbamos a la ciudad. Es excepcional no quizá por su visibilidad y puede pasar despercibido con el simple comentario “qué abiertos y qué majos son en las Azores”. Pero es un acto absolutamente gratuito.

Foto:Vista de Sete Cidades, Isla de São Miguel(Azores) A.C.

Al aterrizar en España, después de la desconexión, se me viene encima una avalancha de noticias acerca de los refugiados que abarrotan las fronteras europeas huyendo de sus respectivos países. Y no puedo menos que pensar, una vez más, en Antonio. Europa dejará de ser Europa —y los europeos dejaremos de ser no ya europeos, sino hombres— si nos preocupa nuestra desestabilizada estabilidad más que la muerte de miles de personas que han tenido la mala suerte de nacer unos kilómetros más al este que nosotros.

Tenemos lo excepcional delante de nosotros, en forma de oportunidad. Somos Antonio, conduciendo hacia Ponta Delgada y viendo a lo lejos a dos que podrían necesitar algo que nosotros tenemos y podemos ofrecer. Podemos volver a ser la Europa de la fraternidad. No sé cómo, no entiendo de leyes ni de fronteras ni de planes de inmigración y refugiados. Pero sé que podemos ir más allá de compartir en las redes sociales algún vídeo de un niño exhausto andando por las vías del tren camino de la frontera con Hungría.

La llamada a nuestra puerta de estas personas que sufren es una llamada también a recuperar aquello que nos ha hecho grandes como civilización: la gratuidad, la fraternidad. El amor. Ada Colau lo ha dicho así hace muy poco tiempo: hay que dejar de hablar de un “efecto llamada” para hablar de una “llamada al afecto”.

Seríamos mediocres si no reconociéramos la grandeza de lo que se nos pide. Y sería nuestra destrucción y nuestro fracaso no solo como proyecto europeo sino como civilización si no nos pusiéramos en marcha para socorrer y sostener a aquellos que vienen a nuestra casa a pedir asilo huyendo de la miseria y de la muerte.

Juan Serrano Vicente es licenciado en Teología y bachiller en Filosofía por la Universidad San Damáso de Madrid, máster en Humanidades por la UFV y actualmente está trabajando en su tesis doctoral, que reflexiona sobre la relación entre la vía de la religación en X. Zubiri y el itinerario del sentido religioso en L. Giussani. Es además profesor de Formación Humanística e investigador en la UFV.

2 Comentarios
2 Juan Serrano
02/09/2015 14:57:20
Hola David
Muchas gracias por el documento. Lo conocía pero no lo he leído en profundidad. Creo que hay una diferencia sustancial entre el hecho de la migración en cuanto tal, sin especificar sus causas, y el asilo de refugiados que huyen de la guerra. Lo digo desconociendo si la referencia es por mi desconocimiento (cosa que agradezco) o para apoyar lo que digo (que también).
1 David Martín
01/09/2015 17:25:51
La Conferencia Episcopal y la Emigración
http://www.conferenciaepiscopal.es/images/stories/comisiones/plenaria/2007IglesiaInmigrantes.pdf
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