Instituto John Henry Newman, Universidad Francisco de Vitoria

Dar gracias: ¿por qué? La experiencia de Dorothy Day

Rostros / Sophie Grimaldi

Dorothy Day no es de esas personas planas, que no molestan o dejan indiferente. Siempre fue extrema, en su vida, en sus posiciones y en su personalidad. Vivió su vida consumiéndola y consumiéndose en una intensa búsqueda de la felicidad.

Nace en 1897 en Brooklyn, Nueva York, en una familia protestante de clase media. No parece que su entorno familiar haya sido de lo más acogedor debido a un padre frio y distante. Pero la joven Dorothy, de una gran inteligencia, se apasiona por la literatura y se evade de esta manera. Los autores que más le atraían eran los que hablaban de las condiciones de vida de los pobres como London o Finger. En su adolescencia, se aleja de la religión porque ella misma dice:

“No vi nunca a nadie (en la iglesia) quitarse el abrigo para darlo a los pobres. No vi nunca a nadie, dando un festín, invitar al ciego y al paralitico…No quería de una caridad que se reserva a un pequeño grupo de gente (…)” (Day, 1952, 39) (1)

A los 16 años acaba con antelación el colegio y se inscribe en la universidad de Illinois para estudiar periodismo. No aguantará mucho tiempo en los pupitres universitarios y nunca acabará sus estudios. Rápidamente sale a la calle para contar como malvive la gente de esta época y trabaja para varios periódicos anarquistas y de izquierdas. Su padre se niega a que Dorothy vuelva a la casa familiar y ella experimenta entonces el frío y el hambre, subsistiendo con poco dinero que le dan sus artículos. También, milita como feminista y tras asistir a una manifestación para el derecho de voto, la encarcelan en 1917. Esa no será la única vez que este en la cárcel, pasará allí varios periodos de su vida. 

Hay tierras que tienen que ser muy aradas par dar fruto

Empieza a rodearse de un círculo de artistas bohemios y pensadores anarquistas. Escribe una novela autobiográfica, The Eleventh Virgin, en la cual describe el ambiente en el que se mueve en esta época. Se enamora locamente de un hombre, Lionel Moise, y se queda embarazada de él a los 22 años. Por miedo a que la abandone, decide abortar. Él la dejará de todas formas poco después. Según los testimonios de varios de sus amigos (2) tras el abandono de Moise, Dorothy intenta suicidarse varias veces. Después de este trauma, se casa por despecho con un hombre que casi le dobla la edad y se dedica a viajar por Europa durante un año con él. Poco después y nada más volver a Estados Unidos se divorcian.

En 1925, se enamora de Forster Batterham, ecologista ferviente que le enseña a contemplar la naturaleza y con quién encuentra un poco de paz. De nuevo se queda embarazada y decide quedarse esta vez con el bebé. Batterham le deja la decisión a ella, no está ni a favor ni en contra. Estando embarazada, se opera un cambio en Dorothy, busca acercarse a Dios. De manera muy progresiva se acerca a la fe católica pero con un gran sufrimiento interior. Foster, el gran amor de su vida, es ateo convencido y le ha advertido que en caso de que se convierta, él no seguirá a su lado.

El agradecimiento como raíz

El nacimiento de su hija Tamar es la gran alegría de su vida, tiene ganas de gritarlo a los cuatro vientos; hasta escribe un artículo de prensa para compartir esta vivencia con sus lectores. Toma la decisión de bautizar a su hija aunque sabe que eso significa el principio del fin en su relación amorosa. El proceso de separación con Foster es muy doloroso. Él se va del domicilio que compartirían varias veces y al que siempre acaba volviendo… Hasta que una vez Dorothy no le deja entrar más. Es la ruptura definitiva. Al día siguiente, ella se bautiza.

Queriendo seguir por la senda que ha iniciado para su hija y para sí misma, Dorothy deja atrás muchas de las opciones de vida que habían sido las suyas. A pesar de esta nueva vía trazada, su existencia sigue siendo muy complicada. Con 30 años, se encuentra como madre soltera, sin recursos más allá de algunos artículos que escribe como freelance. Ha perdido muchos de sus amigos en este proceso, a su compañero de vida y a muchos contactos de periódicos en los que escribía. Decide irse con su hija a América Latina para empezar una nueva vida. Su hija se pone enferma y después de 6 meses, tiene que volver a Estados Unidos sin dinero y sin ningún plan… ni a corto, ni a largo plazo. Dorothy ya no sabe por dónde tirar. Cuenta que en ese momento, es cuando le pide a Dios que le ayude y le enseñe qué tiene que hacer con su vida.

Opción preferencial para el pobre

En este año 1932, participa en la Marcha contra el Hambre organizada por los parados americanos, es la época de la Gran Depresión. La pobreza está por todas partes, muchos son los que están desesperados. Dorothy malvive económicamente, teniendo además que ocuparse sola de su hija. Conoce al francés Peter Maurin, activista católico. Es la gran amistad de su vida. Con él funda un periódico “The Catholic Worker”(3) en 1933. Dorothy tiene 36 años, y una segunda vida acaba de empezar para ella. El mismo año abren juntos la primera “House of Hospitality”, lugar de acogida para los pobres.

Dorothy siente que tiene que dedicar su vida a lo que ella llama “la opción preferencial para el pobre”. También entiende que la promoción de la paz y de la doctrina social de la Iglesia es parte de esta vocación. A la vez que prosigue con su activismo, profundiza en sus preguntas interiores, y en 1955 se hace oblata secular del monasterio benedictino de Sant Procopious.

A los 62 años, cuando ya tiene edad de ser abuela, y de hecho lo es de varios nietos, Dorothy se encuentra en la cárcel por haber participado en diferentes manifestaciones pacifistas. Desde 1942, se ha implicado en la organización de esos movimientos. Este compromiso le ha valido cuatro estancias en la cárcel entre 1955 y 1959. Pero sigue adelante. En esta vida, Dorothy no tiene tiempo para descansar. Ya descansará en la otra, como bien dice su amiga Madre Teresa de Calcuta que conocerá en 1970 en un viaje a la India. En 1979, es Madre Teresa quien vendrá a visitar Dorothy en una de las casas de acogida que ha abierto: The Maryhouse.

Un año después, cuando fallece, se graban dos palabras en su tumba: Deo Gratias. Ha pasado tiempo desde que sintió este primer agradecimiento inmenso por el nacimiento de su hija, pero fue la raíz de todo lo que vino después en su vida.

Su causa de beatificación fue abierta en 2000 por el Papa Juan Pablo II.

(1) “Je ne vis jamais personne (à l’église) enlever son menteau pour le donner aux pauvres. Je ne vis jamais personne, tenant banquet, inviter l’aveugle et le paralytique…Je ne voulais pas d’une charité qui réservait à petit nombre de gens à l’esprit missionnaire (…)”

(2) Libro “Dorothy Day: le Mouvement Catholique Ouvrier aux Etats-Unis”, p59.

(3) www.catholicworker.org/dorothyday

Sophie Grimaldi d’Esdra es licenciada en Periodismo (UFV) con un máster en RRII y cooperación internacional (URJC). Es redactora jefa de una revista francesa de prospectiva y doctoranda en la UFV con una tesis sobre « La compasión en Simone Weil ».

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