Instituto John Henry Newman, Universidad Francisco de Vitoria

Paciencia con Dios de Tomás Halík

TOMÁS HALÍK

Paciencia con Dios

Cerca de los lejanos

Herder, Barcelona, 2014, 245 pp.

Susana Miró López

En Paciencia con Dios. Cerca de los lejanos, Tomás Halík entabla un diálogo interior con aquellas personas que no creen en Dios. El libro destaca todo lo que une a una persona que cree con otra que no abraza la fe. Resulta prodigioso ver como hay muchos aspectos en la búsqueda de Dios en que el itinerario de los hombres es muy parecido: en muchas ocasiones se comparte la percepción de la ausencia de Dios en el mundo, el silencio de Dios, la lejanía del Creador; el hombre sabe que la pregunta por el sentido de la vida es un misterio que nunca se puede dar por cerrado, no puede abarcarse; las pruebas de la existencia de Dios no se presentan tan alcanzables en muchos momentos, de ahí que se precise la fe (...).Estos aspectos mencionados, y otros que se plantean a lo largo del libro, invitan a un acercamiento entre los hombres que buscan a Dios y dicen que no lo encuentran y los que aunque afirman haberlo encontrado, saben que a lo largo de su vida siempre estarán en camino porque la meta no se alcanza en esta vida. El autor invita a todos a vivir con el misterio, el libro está dirigido tanto a los que se confiesan ateos como a los que se dicen teístas, propone un diálogo fructífero para ambos: “…nuestra verdad, la verdad de la fe religiosa aquí en la tierra, está también de algún modo incompleta, pues está en su más propia esencia abierta al Misterio…el aguijón del ateísmo debería despertar constantemente nuestra fe de la adormecida serenidad de las falsas seguridades, llevándonos a confiar más en la fuerza de la Gracia, que se manifiesta en mayor medida precisamente en nuestras debilidades”.

De los libros leídos con un título semejante, en este hemos visto algo diferente: verdaderamente es una propuesta de búsqueda de Dios en que los hombres, tengan fe o no, están caminando juntos. Los ensayos que hemos podido leer sobre la materia, parecen que siempre cometen el mismo fallo: los que se dicen creyentes y se ofrecen a realizar una búsqueda con aquel que no tiene fe, parecen adoptar un tono condescendiente y dar por supuesto que ellos tienen la verdad alcanzada y conquistada y, que su propuesta, debería ser abrazada por aquel que se dice ateo por ser sumamente racional, casi en algunos de ellos nos atreveríamos a decir que la existencia de Dios le es algo inmediato al hombre. Pues bien, en este libro el acercamiento es todo lo contrario. El autor cuando se ofrece a realizar la búsqueda de Dios, confiesa como él mismo llega a experimentar la ausencia del Padre, sólo que a medida que iba avanzando y exponía sus dudas y miedos, parecía que la respuesta se le mostraba con más claridad apuntando siempre a lo divino: “decidí que iba a escribir libros de otro tipo: como quien duda con los que dudan y busca con los que buscan… Dios consiguió quebrantar progresivamente muchas de las seguridades religiosas que había tenido hasta ese momento. Pero al hacerlo me preparó a la vez un regalo valioso e inesperado: justo en esas quiebras (...), me mostró su rostro como nunca hasta entonces”. Pero esta experiencia de la lejanía, le lleva a conversar de tú a tú con el que en el silencio de Dios sigue sin encontrarlo.

A veces, el hombre necesita tener paciencia con Dios, y pese al ocultamiento aparente de Él, seguir teniendo fe. Con este pensamiento arranca la redacción del libro. Lo que puede diferenciar a un creyente de una persona que no crea es que en el primer caso, se mantiene la confianza en Dios, una paciencia con Él fruto del amor experimentado en un encuentro con el Creador, y, en el otro, se cierra a la espera. Los hombres se duelen ante un mundo vacío de Dios, por eso necesitan buscar. La actitud durante la búsqueda puede ir marcada por esa paciencia del que se sabe amado o por el dolor del que no ha conseguido sentir el abrazo de Dios y no puede seguir esperando más.

Entre los dos comportamientos descritos, cabe el diálogo: “lo que ocurre es que a veces, los cristianos actuales han olvidado las preguntas que habían sido planteadas y a las que se habían dirigido las respuestas. Las respuestas sin preguntas son como árboles sin raíces… la verdad acontece en el diálogo”. El libro es una hermosa invitación a recuperarlo desde el corazón, sin recetas, sin tapujos, desde la propia búsqueda y la constante interrogación. En este diálogo, el rol del creyente: “es más bien acompañar a otros, con paciencia y gran respeto a cada uno, iniciar, llevar hasta el umbral del misterio, que conquistarlos al estilo con que los político o los comerciantes captan el interés para su mercancía más reciente”.

Con el libro, el autor recuerda a todos los que se dicen creyentes que: “Dios no habla solo con sus palabras, sino también con su silencio; no se dirige a la gente solo con su cercanía, sino también con su lejanía. Has olvidado escuchar mi voz en aquellos que experimentan mi silencio, mi lejanía, que miran desde el otro lado, desde el valle oscuro, hacia la montaña cubierta por las nubes del misterio”. El acercamiento entre ateos y teístas es por tanto, una necesidad para todos aquellos que se toman en serio su vida y que se dicen buscadores del sentido pleno de la misma, para todos los que experimentan la insuficiencia de una respuesta teórica, para los que intuyen que nuestro mundo pide a gritos otro y necesitan un Sentido que no se agote en lo que ven aquí y ahora, parece que se apunta a un gran Misterio del que ningún hombre por sí sólo puede conquistarlo.

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