Instituto John Henry Newman, Universidad Francisco de Vitoria

El arte que cambia la vida

Paula Martínez del Mazo

Pablo López Raso, Director de la carrera de Bellas Artes y Diseño de la Universidad Francisco de Vitoria, nos ayuda a adentrarnos en la personalidad del conocido pintor Edvard Munch. Un fascinante camino entre luces y sombras que interpela al espectador a encontrarse con esa “alma que grita”, a adentrarse en los rincones del alma donde, para Much, todo se concentra en un grito que pide, de forma casi desesperada, que alguien le escuche. Conocemos otra faceta del arte; el arte como sanación, como comunicación, como canal y camino de las preguntas existenciales del ser humano.

El autor decía de sí mismo que, así como Leonardo Da Vinci había estudiado la anatomía humana y diseccionado los cuerpos, él intentaba diseccionar las almas. ¿Cree que es esto cierto? ¿Cómo lo logra? 

Si es cierto, este aforismo que el hombre pronunció frente a Leonardo Da Vinci me parece muy pertinente porque, de hecho resume completamente cuál es la ambición de un artista contemporáneo como es Edvard Munch y nos habla de la intención de no quedarse en el mundo visible, de lo sensitivo, debe invitar mucho a los espectadores a reflexionar sobre cuál es el valor auténtico del arte. Si quedarse en la belleza o el asombro de la superficie o tratar de penetrar para invitarnos a ser más sabios y realmente a cambiarnos la vida.

No solamente momentáneamente con el disfrute de lo que se ha realizado de una manera bella sino con la reflexión que ha tenido un artista que se parece un poco más a un filósofo que a un artesano.

Yo creo que la preocupación de Edvard Munch es sin duda responder a una inquietud que se tiene en la época. Lo que caracteriza a un artista es que es testigo de esa época y Munch es un paradigma, un producto, un ejemplo, del sufrimiento,  que podría sufrir cualquier individuo a finales del siglo XIX . Si a eso le sumamos la extrema sensibilidad de un artista, mayor sufrimiento. Y si le sumamos unas circunstancias personales realmente trágicas, como es que se muera tu madre con 5 años y luego tu hermana que te saca un año, se muera con 15 de lo mismo que ha muerto tu madre (tuberculosis) y tu hermana Laura, pequeña, es esquizofrénica… realmente la vida le trató mal.

Su biografía le afecta mucho…

Giulio Carlo Argan clasifica a los artistas en dos tipos: uno que entiende el arte como forma, es decir, que lleva a cabo un proyecto a partir de una idea o de un canon de una manera bastante analítica o los que entienden el arte como expresión, como sentimiento, como proyección o aplicación de la emoción.

En este sentido los artistas expresionistas no se hacen, nacen. Nacen porque situaciones biográficas les impulsan a expresar ese desaliento, ese fracaso, esa inquietud, esa nostalgia…Lo llevan a expresar de manera poética, artística. Podría haber sido escritor, músico,  pero le toco ser pintor y además el arte es una verdadera terapia para él porque de alguna manera exorciza a todos los demonios que lleva dentro.

 

¿Por qué se denomina Munch simbolista y a la vez expresionista?

Las clasificaciones siempre son peligrosas pero sí es simbolista. El simbolismo es un movimiento artístico que se origina en la literatura, en la poesía, con Baudelaire, y que influye en las artes plásticas. Sería incompleto si lo dejamos solamente en el simbolismo; es un simbolista post impresionista.

¿Qué significa? Es simbolista en el sentido de que rechaza el naturalismo, rechaza que la belleza esté en la superficie de las cosas. Y que el arte, además, sirve para conocernos mejor y para profundizar en lo invisible que nos preocupa, que nos ocupa en nuestras vidas, realmente.

También es simbolista en el sentido del rechazo de la época que le ha tocado vivir que sostiene una filosofía de un mundo totalmente positivista, una sociedad burguesa muy rígida con unos planteamientos muy cerrados y sobre todo, más allá de cuestiones morales o puritanas típicas de esta sociedad, básicamente el problema es una sociedad que se ha quedado sin valores. Su religión es el proyecto de progreso industrial, el ganar dinero y los artistas son parásitos.

Es post impresionista en el sentido más experimental, plástico y formal asociándolo a las búsquedas que han llevado a cabo en esa época también un Cézanne, un Gaugin, un Van Gogh. Un Van Gogh con el que podemos asociarlo bastante porque los dos entienden el arte como la expresión, como la proyección de su estado anímico desesperado que lleva a una deformación evidente.

Podríamos decir que en el arte de Edvard Munch el medio es el mensaje, con esa violencia, independientemente de lo que representa, que el tema es oscuro, profundo y terrible como las miserias del alma. Sin duda la factura que él lleva a cabo es ese grito, él esta gritando, porque la factura es muy salvaje.

Podríamos decir que es muy parecida a nuestra sociedad de hoy en día…

Sí, porque la post modernidad pierde los valores revolucionarios de la modernidad, que podemos estar de acuerdo con ellos o no, pero ahora mismo es una especie de Carpe Diem. No se parece en el sentido de una sociedad organizada y muy cartesiana como era la burguesa pero es verdad que elude todo lo que son temas relacionados con lo trascendente o los valores y principios de las personas. Se trata de tener y no ser y de ganar.

 

Ante una realidad, como es la muerte, de la cual el hombre no puede escapar ¿Cómo la afrontaba el autor?

 En mi opinión el arte tiene un sentido metafísico y si hay artistas y si existe la poesía es para tratar de, de alguna manera, metabolizar o asimilar lo evidente a lo que nos enfrentamos todos los seres humanos que es la muerte. Racionalmente no lo podemos entender, muchos tenemos el consuelo de la fe. E incluso teniendo el consuelo de la fe el arte puede ser también un agente muy interesante para tratar de interpretar el misterio. El misterio de serlo todo y a lo mejor no ser nada. Y eso es trágico y terrible y es lo que lleva a toda una filosofía existencialista de Kierkegaard y nihilista de Nietzche, hasta llegar al existencialismo del siglo XX . Entonces de alguna manera Edvard Munch es un ejemplo de artista moderno al que se le ha negado la existencia de Dios, porque creer en Dios no era nada moderno y en esa orfandad no le queda nada más que la desesperación. Esto también nos tiene que llevar a una reflexión; cómo el artista si tiene fe, no cae en esa desesperación terrible.

Munch, Baudeleire, muchísimos  artistas del sigo XIX, y ya no te digo del siglo XX, expresan esa desesperación, ese desaliento, entre otras cosas porque no pueden creer en Dios. Es una postura de corrección política para ellos. Lo dejo aquí porque esto me llevaría a otra cosa que sería el proyecto de investigación de Dios en el arte contemporáneo en el que se demuestra que realmente muchos artistas siguieron creyendo y siguieron siendo trascendentes aún cuando a los historiadores y a cierta crítica moderna no le gustara interpretar en esa clave. No era moderno creer en Dios, era una cosa antigua y de viejecitas. 

Podríamos decir que Munch tiene un cambio interior, más positivo en su etapa denominada “Vitalismo” ¿A qué se debe? 

Fueron varias cuestiones: Una de ellas es que ante un Van Gogh que es una persona autodestructiva, que era un neurótico, bipolar, con cambios terribles, que vivió en soledad absoluta. Tenía una manera de ser muy simple en el sentido de pureza de alma frente a un Munch que es un intelectual formado en un  ámbito literario que admira a Ibsen y por tanto,  el sabe salir de eso porque es una persona reflexiva y que se relaciona con el mundo. Y también él tiene conciencia de su enfermedad, continuamente está ingresando en sanatorios mentales, cosa que Van Gogh no.

­­­Munch tiene un psiquiatra muy bueno y que le conduce, de alguna manera, a su última etapa que se denomina “Vitalismo” que, tampoco es que fuera la alegría de vivir, decía “De mi putrefacto cadáver brotarán las flores y yo estaré en ellas” , pero de repente encuentra el sentido de la vida. Me recuerda al de los Sex Pistols que decía “Quiero hacer un cadáver joven, un cadáver bello”. Ha mejorado, ve la cosa de otra manera pero el conflicto interno sigue ahí.

 

¿Tiene Edvard Munch un mensaje unitario a través de todas sus obras?

Sí. Para empezar yo tengo claro que Munch necesita pintar como una terapia, el tiene que expresar. Hay una cosa muy bonita que yo me encontré preparando una conferencia, y es que él entiende el arte como comunicación, lo cual me parece inteligente porque además es el origen mismo del arte, la expresión. Expresar belleza, la visión de las cosas, y puedes denunciar un estado de cosas horrorosas, que te están hundiendo y que notas que la vida te come.

Él necesita denunciar que la vida le come. Decía Munch “confieso que he sufrido”, es una especie de llamada y de compartir con los demás.

Hay un aforismo muy bonito al final de la exposición de Edvard Munch en el Thyssen que dice: “A mi el arte me ayudó a entender el sentido de mi vida”.

Creo que también mi arte ha ayudado a mucha gente a reflexionar sobre cuál es el sentido de la vida y no a pasar por la vida de puntillas o mirado a otro lado cuando tienes un problema.

Lo interesante del arte contemporáneo y de artistas que son tan complejos, que son tan extremos, tan de caminar sobre el filo de la navaja hablando de cosas políticamente incorrectas, desagradables, de bajos instintos, de miserias humanas… es que realmente en esa exposición que tiene el espectador a su obra sufre una catarsis y se purifica también porque entiende cuáles son sus miserias y de alguna manera se purifica en esa comprensión o asunción. Se perdona un poco.

 

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