Instituto John Henry Newman, Universidad Francisco de Vitoria

Más de Santa Teresa... pero tan fresco

Rocío Solís

El año de la santa ha podido provocar cierto empacho de santidad, sobre todo si esta tiene más ruido de palabras que significados de silencio. Pasa con todo y nos pasa siempre, que lo importante lo es tanto que necesitamos contarlo. Hasta ahí nuestra pedagogía.

En este caso, quien escribe de lo importante, de la santa y lo hace sin ruido de palabras es alguien que sabe mucho de pedagogía. Ana Lorite es profesora de literatura y dramaturga. Autora de varias obras de teatro, su última criatura nos habla de Teresa. La escribió para ser representada por sus alumnos y para dar a conocer a la carmelita. Y esa Misión teje todas las páginas y llena su brillantez de Sentido. Porque el teatro se creo para ser puesto en escena y esa mirada purifica toda pluma.

Pero además, el lenguaje de Lorite es brillante, bello, saltarín y lleno de ironía, esa que provoca unas ganas enormes de irte de charla con la autora, porque se intuye que ha conocido a la santa muy de tú a tú, y ambas hablando deben ser una delicia.

Sin ruido de palabras  es un auto que recoge 7 moradas. En cada una de ellas, los amigos de Teresa (Pedro de Alcántara, Francisco de Borja,  Fray Luis de León, Juan de la Cruz, sus hermanos Rodrigo y Jerónimo…) van recordándola y discutiendo sobre la verdad del recuerdo que cada uno alberga. Así, el lector (perdón, el espectador) va conociendo a la protagonista; y tomando partida con cada personaje que habla de ella desde el Cielo, porque estar allí (según muestra Lorite) no nos ahorra la discusión y la libertad de mirada. De forma paralela, la vida de la monja va desarrollándose en escena y su alma pasea por las moradas a través de los cantos, que también compone la autora y que cantan los actores.

Previo a la obra en sí hay varios prólogos que nos explican cómo hacer la puesta en escena y que explican a los alumnos como conocer a Teresa. Lo que ahí se narra es tan importante como lo que sucede en la obra. Porque ahí se conoce también el alma entregada de la que escribe, y de por qué lo hace. Ahí se entiende la poesía que su autora se gasta y se intuye que sigue habiendo Teresas que nos muestran que es posible una pedagogía del éxtasis.

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