Instituto John Henry Newman, Universidad Francisco de Vitoria

Chesterton y los regalos de Navidad

Ignacio Rubio  

La lectura de cualquier obra de Chesterton nos depara infinitud de deleites y sorpresas. Una de las más agradables es la profundísima “higiene mental” que produce, al darnos un baño de ingenio y plenitud de sentido. Te lleva de la mano como en un juego de niños, atravesando los senderos del asombro por la realidad, del más profundo sentido común, de paradojas magistrales y requiebros del pensamiento… hasta dejarte ante la enorme revelación de algo, que siempre habías creído saber, pero que ahora ves realmente por primera vez en tu vida. Provoca una especie de maravillarse filosófico profundo que en él se daba de forma natural.

Muchos admiran a Chesterton como literato por su estilo paradójico, por su fina ironía o su magistral uso del lenguaje. Otros, como polemista o como apologeta. Pero muy probablemente su mayor valor sea el de haber conservado este espíritu de asombro por todo, y el de ahondar en esta visión de la realidad hasta el punto en que él lo hizo. Parece que en sus escritos busca siempre despertar en nosotros, o “contagiarnos”, este sentido de la admiración. Quiere llevarnos a descubrir el misterio profundo del sentido de las cosas. Y en el fondo de este misterio se encuentra, como si estuviera esperándonos, Dios mismo. En una de sus famosas novelas de detectives, el P. Brown lo explica con estas palabras: “El primer efecto de no creer en Dios es que usted pierde el sentido común y no puede ver las cosas como son, y todo porque usted se asusta de cuatro palabras: Él se hizo hombre”.

Chesterton conservó durante toda su vida esta virtud, esta forma de ver el mundo y los acontecimientos, gracias a esta convicción espiritual netamente cristiana, que por ser tan evidente, la inmensa mayoría de las personas pasan por alto: la “sacralización” de todas las cosas a partir de la Encarnación. Esta convicción marca a fondo su pensamiento en todos los campos, también en su filosofía social y política. Para él es algo de suma importancia y así lo expresa en su obra biográfica sobre Santo Tomás de Aquino: “la encarnación se ha vuelto la idea central de nuestra civilización” (Thomas Aquinas, Londres 1933).

A partir de la Encarnación, como un hecho real e histórico, se sucede por lógica la sacralización de la realidad. Dios se hace hombre, entra en nuestro mundo y lo “deífica”. La creación y en especial el hombre quedan redimensionados, y es precisamente cuando este principio sacramental versa sobre la persona humana cuando se alcanza el misterio cristiano central. Chesterton no reverencia al hombre por un sentimiento de filantropía, sino porque lo reconoce como “signo sacramental del Dios encarnado” (expresión usada por Ian Boyd C.S.B., uno de los mayores expertos en la obra de nuestro querido autor británico).

De aquí se puede dar un salto, en primer lugar a la familia, pero también a las pequeñas comunidades y a la sociedad entera. Chesterton, con base en este principio sacramental, defiende al hombre desde todos los puntos y en todos los campos posibles. Esto explica también el fenómeno de que el paladín de la ortodoxia escribiera relativamente poco sobre temas religiosos y se centrara en aspectos de la vida que la mayoría de la gente mira como profanos; su interés por las cosas materiales ordinarias y los seres humanos comunes tiene su explicación profunda en que, para Chesterton, cada cosa material es un signo sagrado. Un ejemplo muy preciso y de gran actualidad se nos muestra en un ensayo sobre lo que él llama “la teología de los regalos de Navidad”.

 

En este ensayo Chesterton expone de forma clara y divertida una explicación o defensa de la tradición cristiana en la forma de vivir la Navidad. Esta tradición tiene muchas manifestaciones de tipo material, quizás más que cualquier otra fiesta o solemnidad cristiana. La tradición medieval de la representación del Belén, el árbol de Navidad, los múltiples adornos que cubren las calles y llenan las casas, la cena de Nochebuena en familia y sobre todo la tradición de los regalos de Navidad… encuentran su sentido profundo en la realidad misma de la Encarnación. Chesterton lo expresa con lucidez y precisión: “La idea de corporizar el afecto, esto es, de ponerlo en un cuerpo, es la enorme y primigenia idea de la encarnación” (“The teology of Christmas presents”).

Este es el sentido del regalo. Lo más profundo que hay detrás de la caja, el envoltorio, la sorpresa y el profundísimo placer de abrirlo despacio y descubrir qué es lo que hay dentro… es el amor que se hace palpable en forma de objeto, de algo que puedo tocar, ver, gustar. El Amor – Dios - se hace Carne, se Encarna… y llena así de sentido y de dignidad nuestra naturaleza humana. Navidad, es la celebración de Dios que se hace Niño, que se hace carne, que se hace regalo. Y por eso, también nosotros hacemos regalos, celebramos una gran cena y hacemos fiesta.

La actualidad de esta “teología de los regalos de Navidad” está precisamente en la claridad que aporta la idea central de la Encarnación a esta vivencia de las fiestas navideñas – que hoy en día está marcada por la superficialidad y el materialismo consumista – incluso, y sobre todo, en su forma puramente externa. “La nota de los regalos materiales de Navidad resuena incluso antes de que Él naciera, en los primeros movimientos de los magos y la estrella. Los Tres Reyes llegaron a Belén trayendo oro, incienso y mirra. Si hubieran traído sólo verdad y pureza y amor no habría habido arte cristiano ni civilización cristiana” (ibíd.)  Pone el punto medio entre quien pretende relegar toda manifestación material, terrena o “vulgar” para centrarse en una vivencia solamente espiritual y quien se queda en la materialidad de los regalos y la fiesta sin profundizar para entender su sentido. La forma adecuada de vivir la Navidad, sólo encuentra su sentido verdadero a la luz de la realidad de la Encarnación.

Condensándolo con Chesterton en pocas palabras: “Un don de Dios que puede ser visto y tocado es tema del credo. Cristo mismo fue un regalo de Navidad” (Ibíd.)

 

0 Comentarios
Insertar comentario

* campos obligatorios

Aviso: el comentario no será publicado hasta que no sea validado.

  • facebook (en nueva ventana)
  • twitter (en nueva ventana)
  • linkedin (en nueva ventana)