Instituto John Henry Newman, Universidad Francisco de Vitoria

Por la puerta grande

Santiago Huvelle

Esta Navidad ha tenido para mi mujer y para mí un sabor peculiar. El 24 a la noche cogíamos la maleta y nos íbamos a pasar la noche al hospital. Al día siguiente, a la hora en que muchas familias se reúnen en torno a la mesa, nacía nuestra primera hija.

Fue imposible no hacer el camino que lleva de la habitación de un hospital a la imagen del Belén, a las contracciones de María, los nervios de José, la expectativa cada vez más creciente, el dolor del alumbramiento, la conmoción que trae el primer llanto. De ida y vuelta, de lo que estábamos viviendo al gran acontecimiento de la eternidad entrando en el tiempo.

Unos días antes, entre el humo del tabaco y las jarras de cerveza, conversaba con unos amigos sobre lo que significa entender la propia vida como una llamada. Álvaro insistía en usar una imagen para señalar la experiencia radical de la llamada: estás en una estación de metro, vas a tu bola, ves un carrito con un bebé dentro, está sólo. Pasas de largo. Oyes un llanto.

No puedes seguir tu camino sin volverte hacia ese alguien que te reclama, que te necesita. Esa llamada en forma de llanto es capaz de romper cualquier coraza que te hayas puesto para evitar salir de ti mismo. Esa llamada te urge, te compromete. Y al mismo tiempo, en la medida en que respondes, te enseña algo de ti, te refleja desde una perspectiva más alta que hasta entonces te estaba vedada. Te descubre quién eres. Mientras más te relaciones generosa y gratuitamente con el otro, más conoces de ti, más eres tú mismo.

Todo esto me lleva a pensar en la puerta tan grande y tan pequeña por la que quiso entrar Dios en la historia. Antes del pecado, dice el Génesis, que de un hombre salió el hombre: de un trozo de Adán, el Señor formó a Eva. De una herida de Adán, nació el primer tú. El hombre se daba, se dejaba herir por el otro, se sacrificaba para que el otro sea. Partiendo de un amor-sacrificio, era posible la primera relación entre seres humanos: “Esta sí que se hueso de mis huesos y carne de mi carne”.

La puerta por la que el hombre entraba en el mundo era la puerta de la donación, del amor-sacrificio, del me doy para que tú seas.

La puerta se trueca en parto después del pecado, una vez el hombre ha rechazado vivir en el Paraíso. Sin embargo, en esta nueva entrada por la que el hombre ingresa en el mundo se conserva un vestigio de aquella primera voluntad divina de generación. Quien llega al mundo lo hace desamparado, absolutamente necesitado, con un llanto capaz de conmover la tierra entera. Y es esta expresión de auxilio, de súplica, la que es capaz de despertar al hombre adulto, autosuficiente, egoísta y auto-centrado. Es capaz de romper el hechizo autista en el que vive, sacarlo de sí, hacer que se olvide de sí mismo para correr y coger en brazos al prójimo desamparado. Ésta es la felicidad de los padres: experimentar el aire liberador que es salir de sí –acaso por vez primera– no desear imponerse, sobresalir ni afirmarse sobre los demás. Servir, darse, olvidarse. Este es el regalo que trae el hijo: un recuerdo de aquello para lo que hemos nacido todos.

Esa puerta pequeña, frágil y necesitada es la que Dios escogió para entrar en el mundo. Por la puerta de la compasión que salva al hombre, a través del llanto-sacudida que el hombre necesita para volverse, y caer en la cuenta de que estaba viviendo de espaldas a la vida verdadera.

El rostro del recién nacido es un regalo que nos devuelve una humanidad olvidada. Es verdad que hoy, en una Europa con tasas de natalidad negativas, podemos luchar para seguir olvidando, luchar con tanto ahínco como lo hizo Herodes, pero que quede claro: no será para promocionar al hombre sino para enterrarlo definitivamente, para cerrar la puerta de una vez por todas. La puerta que escogió el mismo Dios.

2 Comentarios
2 Mónica Swinnen
08/01/2016 17:14:12
hermosa reflexión! Felicitaciones!
1 Maricarmen Morales Spinoso
06/01/2016 3:33:20
Por la puerta Grande
Que Felicidad Santiago y Gemma tener a Macarena ya en casa.
Asi es como Dios se presenta al Hombre y le expresa su Amor, su plan de Vida, Promesas, Consuelo, Aliento, Propósito, Significado de nuestro Existir y Donde nos revela nuestro destino Final y Medio para Alcanzarlo.!!!!
Muchas Felicidades.
Familia Cruz Morales.
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