Instituto John Henry Newman, Universidad Francisco de Vitoria

Los niños, los gatos y tú

Marcos Nogales

Qué se le pasará a un gato por la cabeza para querer jugar a esquivar los coches en la autopista a las ocho de la mañana, qué. Los hombres y los gatos no son tan diferentes. En qué momento entiende el felino animal que es buena idea flexionar sus cuatro extremidades y correr como si no hubiera un mañana hasta el, exacto, centro de la vía y parar a jugar con la suerte. Luego, si le quedase vida para hacerlo, ahuyentar las prisas y trasladarse, como quien no tiene miedo a la muerte, hasta el final de la calzada que no es sino el principio de una nueva.

Atiendo mucho a los niños porque me recuerdan las cosas que he olvidado pero sé. Hace poco escuchaba a uno que llamaba a todo el mundo por su nombre, a todos sin excepción, y si se olvidaba de alguien se refería a algo característico para que los demás le entendiesen. No había un solo pronombre en todo su vocabulario: “Mamá, Juan, esos niños, Laura la de clase..”. ¿Cuál es el primer pronombre que aprendemos?, ¿quién será de la primera persona de la que perdemos el interés inconscientemente y nos permitimos mencionarla con un sustitutivo?, ¿alguien que dice mucho ‘yo’ es porque no le dicen ‘tú’?

Los niños no despersonalizan, si Pablo les roba el bocata se lo roba Pablo, no ‘él’. Si a un niño le gusta Alicia, no le gusta ella, le gusta Alicia. Los niños no siempre dicen la verdad pero siempre llaman a la mentira por su nombre. Con los años pasa que se nos olvidan las cosas, que es mejor lo sencillo de los monosílabos y plurales mayestáticos. Que nos creemos que los pronombres son jerarquizados y se nos olvida lo de personales y entonces tú si yo, ella si tú, nosotros si tal, vosotras después de nosotros y ellos en último lugar. Quizás el amor sea eso que nos quita los pronombres y nos deja lo de personales, y si te llamas Irene sólo te puedo llamar Irene. O Julia (por mi madre, qué nos vamos a creer) sólo te puedo llamar Julia, tú.

Qué se le pasará a un humano por la cabeza para querer jugar a no esquivar los problemas y aficionarse a buscar soluciones, qué. Los gatos y los hombres no son tan distintos. En qué momento entiende el animal racional que es buena idea doblegar sus vicios y caminar acompañado como si hubiese un mañana hasta el, exacto, centro de la vida y parar a jugar con la suerte. Luego, si le quedase vida para darla, ahuyentar las prisas de la juventud y trasladarse, como quien no tiene miedo a la muerte, hasta el final de la calzada que no es sino el principio de una nueva.

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