Instituto John Henry Newman, Universidad Francisco de Vitoria

Pasión y conciencia: Cómo aprovechar la etapa univesitaria

LA UNIVERSIDAD

Pasión por el momento presente, la nostalgia de la fugacidad del momento. ¡Corre, que se te pasa el tiempo! ¡Abre bien los ojos! Puede que no encuentres amigos como estos jamás. Sumérgete en la comunidad del saber, indaga, pregunta, cuestiónate.

José Luis Parada nos pone contra las cuerdas para no dejar de disfrutar, con toda profundidad y plenitud, la etapa universitaria.

¡Vamos allá! 

Pasión y conciencia: cómo aprovechar la etapa universitaria.

Palabras de Bienvenida Alumnos UFV.

Curso 2015-2016.

Prof. José Luis Parada.

 

Excelentísimo y Magnífico Rector, Reverendo Padre, autoridades, colegas docentes y personal de la Universidad, señoras y señores, muy especialmente estimados alumnos de primer curso, queridos todos,

 

Hace 18 años yo tenía 18 años y no puedo negar que sería feliz si retornase a aquel tiempo. En una canción de Andrés Calamaro puede escucharse: “Qué más quisiera que pasar la vida entera como estudiante el Día de la Primavera”. Se refiere Calamaro a lo que nos pasa a muchos de los que vivimos hace tiempo la etapa universitaria y sentimos una suerte de nostalgia de esa época: los días soleados con un libro entre las manos, los momentos de debate en la cafetería con los colegas de la facultad, las conversaciones en clase con aquél profesor que nos despertaba de nuestro sueño, aquellos días de peyas (pocos, pero existentes) en los que escaparse a patear Madrid… ¡Qué maravilla aquél primer día de curso! Toda la carrera por delante, tanto por aprender, tanta gente por conocer, tantos momentos inolvidables que esperan a la vuelta de la esquina, tanta vida por vivir, tanto segundo que disfrutar sin dedicarse a nada más que estudiar y a aprovechar cada oportunidad que aula , campus, profesores y compañeros deparan. ¿Quizá el amor de mi vida estuviese en aquella aula o en aquel campus? ¿Quizá mi mejor amigo sería el tipo que tenía al lado? ¿Quizá destacaría en alguna de las clases y encontraría un profesor que mereciese mucho la pena? ¿Quizá me esperase un torneo de debate, un campeonato de rugby, unas sesiones de fotografía, una fiesta con amigos de otras carreras, un proyecto de voluntariado, una estancia en el extranjero?

 

Hace 18 años, cuando yo tenía 18 años, escuché una canción de Ismael Serrano que decía: “Qué haré cuando te busque en la clase, y mi eco me responda al llamarte”. A la emoción del primer día se unió el temor al comprender que eso no sería eterno, y que llegaría el día en que esa etapa terminase. Queridos alumnos, los latinos ya nos avisaban de que tempus fugit, de que el tiempo vuela, se nos escapa de las manos, y así os va a suceder. Del mismo modo que hace unos días estabais en Secundaria y que fue ayer cuando terminabais Bachillerato, el día de hoy pasará muy rápido, mañana estaréis en Segundo, a finales de semana, preparos, en este mismo auditorio, estaremos celebrando vuestra Graduación, con vuestros padres allá al fondo llorando de emoción (algunos, seguramente, aún alucinados del cambio que ha dado su hijo) y vosotros con vuestras togas y colores distintivos correspondientes a vuestros estudios (al más puro estilo Howards… aunque nuestro Rector es algo más joven que Dumbledore) diciendo entre vosotros: “Se me ha pasado volando. Ojalá comenzáramos de nuevo sabiendo todo lo que sabemos ahora”.

Pero no vais a volver, la oportunidad ya habrá pasado. ¿Qué habrás hecho con esa oportunidad que ahora mismo tienes entre tus manos?  Cuando llegue ese momento y mires atrás, ¿cuál será el sabor que quede en tus labios? ¿De una nostalgia serena y alegre de haber aprovechado al máximo estos maravillosos años? ¿O quizá un sabor amargo por haber desperdiciado uno de los momentos vitales, más extraordinarios de tu vida? Pues bien, el sabor que sea depende de lo que hagas ahora. Ahora mismo, a las 10:00 y pico de la mañana del lunes 28 de septiembre de 2015, estás delante de un momento frontera, como los llama el dramaturgo Fernando Travesí:

“Hay días que deberían perderse en la memoria mezclados con tantos otros en los que las horas fueron un mero trámite, una sucesión de gente que ya conocíamos, de rutinas ya vividas, de palabras repetidas… Días corrientes, días normales en los que nada debería pasar.

Sin embargo, hay días en los que nos cambia la vida en un instante. Sin más. En un momento. Y ese día, que estaba llamado al anonimato, decide dar un giro e instalarse bruscamente en nuestra vida, logrando convertirse, al final, en un día frontera, de esos días que no se olvidan nunca y marcan un antes y un después en nuestra vida; que sirven (con el tiempo) como punto claro de referencia en el mundo borroso que es el pasado.

Pero la vida es compleja, y mientras el devenir de las horas va formando un día frontera para algunos, el día transcurre con normalidad para otros. Todo al mismo tiempo; en el mismo lugar; en micro universos que coinciden en el tiempo y el espacio sin tocarse. Juntos, pared con pared; mesa con mesa; [butaca con butaca] sin apenas mirarse. A veces por no poder saber. A menudo por no mirar. Casi siempre por no querer”

[Fernando Travesí, Palabras de amor, sangre en la alfombra].

Imagino que este texto de Fernando Travesí lo interpretaremos cada uno a nuestro modo. En mi caso no quería dejar de leéroslo en un momento tan importante como este en el que empezáis vuestra etapa universitaria. Mirándoos a los ojos, os digo que me dais envidia, y que siendo una evidencia que no puedo vivir esta etapa como su fuera uno más de vosotros, os pido, por favor, que agarréis con fuerza los minutos que se escapan como el agua de las manos, que seáis avaros con vuestro tiempo para que nadie os robe el disfrute, que atéis fuerte los lazos entre vosotros como amigos y compañeros, que os dejéis acompañar de quien tiene más criterio y cuya vocación sois vosotros, porque a la postre, nada hay más triste que mirar al pasado y arrepentirse de no haber aprovechado las buenas oportunidades.

 

Queridos alumnos, quiero que seáis conscientes de algo que, por obvio, no deja de ser importante, y es que del mismo modo que sin alumnos no hay universidad, sin buenos alumnos no puede haber una buena universidad. Aunque sea evidente, recordémoslo: la vida del universitario es la universidad, y éste ha de ser el lugar en el que se configure el profesional que sea mañana. Un paso mediocre por la universidad supondrá, con bastante seguridad, una vida profesional mediocre y, me atrevo a decir, una experiencia vital mediocre, pues a la universidad, y eso lo vais a aprender todos desde mañana en las asignaturas de Humanidades, no se viene sólo a formarse como profesional. Hay mucho más en juego.

Honestamente,  pienso que todos aspiramos, en lo más profundo, a hacer las cosas bien. Pero no siempre lo hacemos. ¿Por qué? Porque nos da vergüenza, por pereza, por derrotismo, o quizá por ignorancia. No sabemos cómo hacer mejor las cosas y por desgracia, vivimos en un mundo donde se ha olvidado el gusto por hacer las cosas bien, por el detalle. Pero al mismo tiempo late en todos nosotros una noble aspiración a la excelencia. En nuestro trabajo, en nuestros estudios, en nuestra vida personal… ¿De verdad existe aquél que no quisiera hacer más y mejor? ¿No hemos sentido nunca la satisfacción de una cosa bien hecha, independientemente de la gratificación por ella? ¿Y no es deseable poder disfrutar de eso más a menudo? ¿Qué hacer entonces? Personalmente, creo que lo que debemos es alimentar nuestras aspiraciones. Aprender e inspirarnos de otros que han intentado hacer las cosas bien y que han tenido éxito.

Cuando uno observa las historias de vida de grandes personalidades de la cultura occidental, reciente o antigua, descubre en sus biografías una serie de dificultades que les han acompañado durante muchos momentos de su vida. Algunos pueden pensar que son grandes a pesar de las dificultades, pero yo soy de la opinión de que, en realidad, han sido grandes gracias precisamente por afrontar esas dificultades. Cuando Jane Goodall, Dian Fossey y Biruté Galdikas descubren su pasión por los primates, todo vale por conocer la verdad de esas criaturas, aunque sea pasando la malaria, la extirpación del apéndice o la gastroenteritis más aguda; la malaria también acompañó las campañas de Heinrich Schilieman en su empeño por descubrir la antigua ciudad de Troya y otras localizaciones citadas en la Ilíada, sin que sus horribles dolores de oído pudieran detenerle; María Reiche, también conocida como la Dama de la Pampa, no tuvo problemas en abandonar su pasado para entregarse de lleno al estudio de las líneas de Nazca, aún durmiendo en un coche a modo de tienda de campaña en pleno desierto; Marie Curie y la radiación, Henrieta Leavit y la luminosidad de las cefeidas, Georges Lameître y el big bang, Pentzias, Wilson y una antena que parece rota pero que no lo está y mide las ondas de radio del espacio, Meselson y los estudios sobre la bacteria e-coli, Feyman y la electrodinámica cuántica, Russell, Moore y los principios matemáticos, Olympia de Gauges y los derechos de la mujer en medio de una revolución; Egon Schiele y la vida por el arte, el capitán Scott y la hazaña del Polo Sur; Antonio de Montesinos, el dominico que defendió a los amerindios…

Todos ellos comparten, a mi modo de ver, las siguientes características: escuchan una llamada a la que responden firmemente, tienen un sólido convencimiento y una fuerte voluntad, saben rodearse de guías y compañeros, no ignoran que en algunos momentos, quizá los más importantes, han de afrontar decisiones trascendentales en soledad, todos comparten una determinada determinación, en el decir de Santa Teresa, caiga quien caiga, murmure quien murmurare.

Como persona, todas estas biografías me estimulan al mismo tiempo que me avergüenzan al mirar mi propia vida y preguntarme: “¿Y yo qué hago que sea valioso para mí y para los que me rodean?”. Como ciudadano, también me pregunto si seré capaz algún día de hacer mejor mi espacio cotidiano, mi ámbito local, mi ciudad, mi pueblo, mi campus. Como docente me cuestiono si seré capaz de transmitir algunas de estas inquietudes a mis alumnos para que al menos ellos sí hagan lo que yo torpemente sólo intento. 

Es vuestro momento, chavales; es el momento de hacer que las cosas pasen. Se trata de que os comprometáis auténticamente con vuestro talento. No dejéis que las cosas pasen de largo ni os deis el lujo de decir que esto no van vosotros, ¡porque es a vosotros precisamente a quienes os lo estamos diciendo y hay tanta gente sufriente esperando tantas cosas de vosotros! Tenemos mucha confianza en cada uno de vosotros y confiamos en estar a la altura como universidad para ayudaros en este camino.

Bienvenidos, mucha suerte y muchas gracias.

      

0 Comentarios
Insertar comentario

* campos obligatorios
  • facebook (en nueva ventana)
  • twitter (en nueva ventana)
  • linkedin (en nueva ventana)