Instituto John Henry Newman, Universidad Francisco de Vitoria

Un tiempo de búsqueda infatigable

María Roldán

Desde el día que me enteré de la temática de los artículos de este mes para la revista  Newman mi corazón se llenó de todos aquellos recuerdos que han constituido mi experiencia universitaria, que hoy en día, a mis treinta años aún está enriqueciéndose y construyéndose, me encuentro en el periodo de la escritura de la tesis doctoral en el programa de Humanidades de la Francisco de Vitoria.

Todavía recuerdo mi primer día en mi universidad de origen cuando entré a cursar el primer año de licenciatura en Humanidades. Todo ocurrió en la universidad de Castellón, la Universitat Jaume I, cuando contaba con 17 años (aún era menor de edad, recuerdo la vergüenza que sentí un día al pensar que si hacíamos una salida o una actividad externa al centro tenía que acudir con un permiso paternal).

Después de un año anterior muy largo y duro por causa de la preparación para la Selectividad, estaba matriculada en la universidad para afrontar mi última formación académica antes de iniciar la vida adulta. Había oído que después del periodo universitario me esperaba esa vida “desconocida” llamada mundo laboral especializado. Recuerdo estar muy entusiasmada, llena de interrogantes por lo que iba a aprender y por las sorpresas que me iba a encontrar. Finalmente, pasados muchos años iba a realizar un sueño infantil, iba a ser estudiante universitaria.

Lo que no sabía es que mi periodo académico universitario iba a ser más enriquecedor de lo que yo pretendía. Fue un periodo de maduración personal en la que se puso en juego todo de mí, fue el paso de “niñatilla” universitaria a mujer adulta capaz de afrontar la vida real. Esto es lo que más agradezco de este periodo, un periodo que inusualmente duró 8 años.

¿Qué es lo que aprendí? A ser paciente, entregada, responsable, a tener capacidad de sufrimiento, ser constante en medio de la tribulación, del desaliento, de la desesperanza y poder asumir el trabajo constante y duro que te llevan a disfrutar de aquellos bienes que no se obtienen en la inmediatez sino que se consiguen a largo plazo, muy largo plazo y que verdaderamente llegan para quedarse. Estos son los verdaderos instrumentos que me han capacitado para vivir una vida madura, un vida de dificultades y responsabilidades pero también un vida llena de satisfacciones adultas, que nadie me había contado que son más enriquecedoras, llenan lo más profundo del corazón. Ya lo viviréis…. ¡Es increíble! Esto no lo conseguí por arte de magia ni por el camino fácil, lo aprendí por la escuela de la vida, que es una maestra más exigente.

Poco después de dos años matriculada en la universidad, donde viví todo tipo de experiencias, académicas, sociales, afectivas… empecé a dudar si realmente había optado por el camino correcto, las materias de estudio eran cada vez más tediosas, requerían más esfuerzo por mi parte, un esfuerzo que yo gastaba en otros menesteres. Fue en ese momento donde se me pedía y se me otorgaba la posibilidad de ejercitar ciertas habilidades que nunca antes se habían puesto en juego, aquellas relacionadas con la madurez.

A pesar de todas las advertencias familiares, decidí dejar los estudios y empezar una vida laboral lejos de todo mundo intelectual, un mundo que adoraba, que mi corazón y mi mente deseaban, la vocación intelectual gritaba dentro en lo más profundo de mi ser, pero que por mi incapacidad de sufrir un “poquito” deje que ese tren pasara.

Después de dos años trabajando lejos del mundo universitario, concretamente en una guardería infantil como auxiliar de maestra, llegó el momento de volver para terminar mis estudios humanísticos. Durante ese tiempo fuera de la universidad, no puede acallar mis ansias de conocimiento y amor por la sabiduría. Estaba continuamente inquieta, buscando que aprender, que nuevos conocimientos adquirir, compraba libros compulsivamente…Volví a matricularme con 23 años, ya no era la misma, había en mi un poco más de adultez y madurez, había descubierto en este tiempo de reflexión cuál era mi vocación y cuáles eran los caminos reales para llevarla a cabo. A pesar de las dificultades que iba ser retomar mi vida como estudiante, conocía ese mundo, ya no había engaño, estaba en paz conmigo misma, después de mucho tiempo esa inquietud encontró un sentido y una forma de manifestarse, acabando mi carrera.

Para mi sorpresa, cuando regresé después de varios años, muchos docentes se acordaban de mí y me ofrecieron toda la ayuda posible para terminar mi carrera, nunca desde la irrealidad, siempre desde el conocimiento de que iba a ser duro, pretendía en dos años terminar la carrera y realizar las prácticas. Lo único que me asustaba era haber tenido la experiencia de haber fracasado años antes, por lo que decidí aliarme con mi entorno, hablar con mis padres, amigos y seres queridos para que en los momentos de flojera o de miedo a afrontar este nuevo reto, se unieran a pelear contra las inmadureces. En ese periodo hice partícipe a todo mi círculo de mi experiencia como estudiante universitaria “madurita” (aunque sólo contaba con 23/24 años)

El rodearme de una buena comunidad de vida que conocía mis debilidades y mis habilidades hizo que esos dos años de trabajo muy duro (el primer año, me matriculé de primero, segundo y tercer curso y de las prácticas) pudiera conseguir todas mi metas e incluso disfruté de la satisfacción del trabajo duro, de las horas de soledad frente a los manuales y hasta gocé de aquellas asignaturas que me “llevaron por la calle de la amargura tiempo atrás”. Fue en ese periodo donde la madurez fue bienvenida a mi vida y me abrió la puerta a muchísimos mundos desconocidos hasta ahora.

Esto fue un sello en mi corazón que luego me ha permitido seguir peleando por aquello  a lo que estoy llamada. En la actualidad estoy realizando mi primera investigación seria, una investigación que conlleva horas de estudio interminables y momentos de fatiga infinitos pero que no ofuscan los deseos de mi corazón, que con cada pequeña victoria encuentra una alegría desbordante al saber que hago aquello para lo que estoy hecha.

¡Ánimo aquellos que estáis en la gran pelea!

 

 

2 Comentarios
2 Samuel roldan ramos
27/04/2016 20:05:26
Impresionante
Una experiencia enriquecedora que ayuda a plantearte que si una persona a podido con ayuda pasar tribulaciónes y madurar los demás también tenemos posibilidad
1 sara
27/04/2016 19:23:04
Gracias maria por estas lineas llenas de sinceridad y experiencia maravillosa. Que tu animo no desfallezca, y sigas escribiendo con esta capacidad que Dios te regala.
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