Instituto John Henry Newman, Universidad Francisco de Vitoria

El monstruo que nunca falla

Javier Rubio de Hipola

Reflexión sobre el sufrimiento, basada en la película “Un Monstruo viene a verme” (J. Bayona, 2016). Puede contener “spoilers”, los fragmentos de diálogo han sido sacados del tráiler.

Creo que lo más grande que tiene el hombre son sus historias. Por supuesto, la vida, pero sobre todo si aprende a vivirla como una historia.

“No creo que hayamos perdido el gusto por contar historias, quizás se ha desperdigado, y a eso han contribuido las redes sociales. Las historias son nuestro traductor de la vida real, no podemos entenderla si no la ponemos en una historia. Gracias a ellas vivimos de una forma mejor el amor, la felicidad o atravesamos la pérdida. Ese filtrado de la realidad que hacen las historias es necesario”. (Patrick Ness, autor del libro Un monstruo viene a verme, en una entrevista con Javier Zurro para El Español, el 6 de octubre).

La crueldad de los hombres es un misterio. Misteriosos son el dolor humano, el sufrimiento, el motivo profundo de la injusticia, del sinsentido, del suicidio. Pero también es un misterio la alegría profunda, la bondad, los motivos profundos del amor. El hombre cuenta historias para hablar de estos misterios. Por eso las historias nunca pasarán de moda.

Sobre esta premisa trabajaron J. Bayona y P. Ness a la hora de trabajar en el largometraje de Un monstruo viene a verme. La historia que cuentan trata especialmente del misterio del sufrimiento y de la muerte, pero también del amor y de la entrega.

“-¿Y cómo empieza la historia?

-Con un chico, demasiado mayor para ser un niño. Demasiado joven para ser un hombre.

-¿Y qué hizo?

-Llamó a un monstruo”.

La presentación, tal y como aparece en el tráiler, no puede resultar más simbólica. En el sentido de un símbolo que universaliza una verdad. El protagonista en torno al cual gira la película, Connor O’Malley (interpretado genialmente por Lewis MacDougall… con esa mirada…), atraviesa una etapa dura en la vida: a la enfermedad terminal de su madre (Felicity Jones) se unen el acoso escolar, el abandono paterno y el necesario cambio de vivienda a la casa de su abuela (Sigourney Weaver) -con quien no hace buenas migas-.

El sufrimiento despunta en su sueño, donde una y otra vez no consigue salvar a su madre de que caiga por un precipicio.

Al rescate del chaval no acude un caballero valiente, ni un mago sabio, ni un rey poderoso. Acude un monstruo. Un monstruo poco amigable, duro, que parece conocerle a la perfección:

“-Lo sé todo sobre ti, Connor O’Malley. Esa verdad que escondes, la verdad que sueñas”.

El encuentro del chico con el monstruo marca el ritmo de la película. En torno a las tres breves historias que narra el monstruo (con la voz de Liam Neeson en la versión original), se estructura la solución para los problemas de Connor. Aunque no como el chico hubiera previsto.

Fotograma de la pelícla "Un mosntruo viene a verme" (J.Bayona 2016)

El sufrimiento es un monstruo que nos visita a todos. Tarde o temprano. Esto no es mera metáfora: es ley de vida. Dependiendo de nuestro encuentro con este monstruo nos adentraremos o no en su misterio.

Este encuentro nunca nos pilla en el momento oportuno, siempre en esa edad en la que hemos perdido la inocencia del niño y no hemos alcanzado aún la fuerza y la experiencia del adulto. 

En la presentación de la historia se encuentra el dilema. El misterio del sufrimiento no se explica, no responde a una lógica. Se debe desentrañar. Del mismo modo que una historia no tiene por qué tener un motivo (una moraleja), pero siempre puede colarse en el corazón, anidar, y encontrar ahí un sentido.

Los niños tienen la capacidad para escuchar historias, simplemente porque son bellas o porque son interesantes. No elucubran, no buscan una metáfora moral o una perspectiva psicológica. No analizan la película: la disfrutan. No pretenden entender el sufrimiento, aunque sufran. Como no pretenden descifrar el gozo… sólo gozan. Lo que sí entienden es que para lograr el gozo a veces es necesario sufrir, del mismo modo que el sufrimiento en esta vida siempre tiene un fin. 

La mente del adulto -de la persona que ya ha asimilado el sufrimiento- es capaz de sembrar sentido. Felicity Jones da voz y gesto a la madre de Connor: una mujer que ha comprendido el verdadero valor de su enfermedad y cuya única misión es hacer que su hijo sea capaz de cruzar el escabroso puente de la infancia a la vida adulta de la mejor manera posible:

 

“-Es normal que estés enfadado. Yo también estoy enfadada… Y si tienes que romper cosas… ¡Por Dios, rómpelas!”.

 

La madre es capaz de dar un sentido a la muerte, porque ha encontrado un sentido a su vida. Y durante toda la película trata de transmitir a su hijo esta enorme verdad…

 

“-Ojalá tuviera cien años… Cien años para dedicártelos.”

 

En cierto modo es el vínculo entre madre e hijo el que da sentido a este misterio del sufrimiento y de la muerte. El vínculo perdona y hace perdonar. Y al darle sentido al dolor, lo supera. O supera sus connotaciones más negativas y lo convierte en una experiencia de crecimiento. Se trata de un vínculo de amor simbolizado en el arte que ambos aman, en el monstruo que ambos comparten, en el sufrimiento que ambos arrastran y también en la abuela.

 

“Es importante que sepas en qué pones tu confianza”, le dice el monstruo a Connor. El punto de apoyo en quien el chaval confía resulta ser una fuente de desengaño amargo. Al final, la ayuda había estado siempre junto a él, aunque con un rostro y una mirada que él no esperaba. Las dos caras de la moneda aparecen con claridad en el tráiler, primero con una frase de su padre y después en la escena en que está con su abuela en el coche:

 

“-Siento que tengas que pasar por esto, pero tienes que ser valiente… ¿Comprendes?”

 

“-No somos una pareja perfecta. Pero sí hay algo que tenemos en común… tu madre.”

Con esta clave de lectura, sea Ness con su novela o Bayona con su film, ayudan a entender que no todas las preguntas tienen respuesta. O que, en ocasiones, la respuesta no es la esperada.

Ante el abismo del sufrimiento, toda lógica humana tiene sabor a insuficiente, a insatisfacción… La esperanza se desvanece, la noche se vuelve más negra y la pesadilla se encarna. Sólo el vínculo verdadero del amor a su madre logra que Connor, agotado, se mantenga en pie:

“-Tengo miedo.

-Claro que tienes miedo, pero podrás con ello. Por eso me llamaste.”

 

 

 

0 Comentarios
Insertar comentario

* campos obligatorios

Aviso: el comentario no será publicado hasta que no sea validado.

  • facebook (en nueva ventana)
  • twitter (en nueva ventana)
  • linkedin (en nueva ventana)