Instituto John Henry Newman, Universidad Francisco de Vitoria

Dante, Nembrini y nuestra humanidad deseante

Paula Martínez del Mazo

Franco Nembrini es un pedagogo italiano nacido en Italia en el año 1955. Es profesor de literatura italiana e historia en la enseñanza secundaria y miembro de varios consejos educativos públicos y privados de la Italia actual.

Lo que más me importa decir acerca de este señor, que me dejó bastante maravillada, es que ha estado en España hace un par de días en la Universidad San Pablo CEU para impartir una conferencia sobre su libro Dante, poeta del deseo (Ed. Encuentro) y espero poder expresar con algo de acierto lo que nos transmitió para que no dejéis de leerle. Mejor dicho, para que no dejéis de leer a Dante. A los dos.

Viajando con Nembrini al universo de Dante

Este italiano encantador, expresivo y gesticuloso donde los haya, empezó contando una historia. En un viaje a Caracas para presentar su libro conoció a una señora pobre, que vivía en una zona de chabolas de la ciudad. Se le acercó en uno de sus encuentros y le dijo: “señor Nembrini, Dante me habla a mí”. El autor se quedó tan impresionado por esta afirmación que no pudo hacer otra cosa que seguir preguntándole.

Debido a la situación política y social en Caracas, esta mujer y sus amigas habían pensado en crear un pequeño negocio de venta de chocolate para tener algún ingreso. Para esto, el gobierno les pedía un título de estudios y sin tardanza se pusieron a ello. Se matricularon en una especie de curso online para poder obtener el título, presentarlo a los órganos burocráticos correspondientes y así poder comenzar su negocio. Cuando llegó el día del examen final que les otorgaría el tan ansiado título, los participantes del curso debían coger un papelito de una caja al azar y hacer una disertación sobre el tema que les tocara. Esta querida señora metió la mano en la caja y saco el papelito. Tema: Dante Alighieri. Lágrimas en sus ojos.

Ella no había escuchado nunca ese nombre y pidió casi con desesperación que, por favor, le dejaran volver a sacar otro, alegando que ese era muy difícil. Ante la negativa de los examinadores, volvió a su casa sin la única posibilidad que le permitiría tener algo de dinero para comprar comida.

Cuando llegó a su casa, podemos imaginar con qué tristeza, empezó a investigar acerca de ese tal Dante Alighieri que de algún modo le había arruinado la vida. Así fue como consiguió una Divina Comedia en prosa. Un día, se llevó el libro a la interminable cola de horas y horas que tienen que hacer muchos venezolanos para poder obtener algo de pan para llevar a casa. Ella leía a Dante mientras esperaba. Al paso de los días, sus amigas y la gente que les acompañaba en la cola, comenzaron a interesarse por el libro y empezaron a leerlo en voz alta. Formaron un grupo bastante grande y a medida que iba avanzando en la cola, escuchaban la obra de Dante en voz alta. Cuando la señora terminó de contarle esta historia a Nembrini, le dijo: he descubierto que hay un pan para el estómago y otro para “aquí”, señalando la cabeza.

Reflexionaba Nembrini sobre este acontecimiento: con los problemas que tenemos, la fatiga que muchas veces nos provoca la vida cotidiana, con las pequeñas o grandes dificultades que llaman a la puerta, ¿a quién le importa la Divina Comedia? A esta humilde señora que descubrió que Dante tenía todo que ver con su vida. No con la vida del más allá, como resaltó varias veces el autor durante la intervención, sino con la vida del más acá. Con la de hoy, la del ahora, la concretísima, la tangible. Esa que parece que tantas veces se nos escapa de las manos. La vida que sucede en la cola para pedir el pan.

Pareciera, explicaba el italiano, que la Divina Comedia se ha vuelto prisionera de ciertos ambientes intelectuales y que solo la pueden leer los que tienen tres licenciaturas. Nembrini se niega a aceptar este modo de entender la literatura y a Dante en concreto, poniendo una y otra vez el acento en que el camino existencial que hace Dante puede ser propuesto a cualquiera. “Porque nos pasan las mismas cosas que le pasaban a Dante”, insistía. Pero, ¿cómo puede ser esto?

Así nos provocaba Nembrini: “Si se es honesto, si se es verdadero, aunque todo vaya bien en la vida, hay una cosa que necesitamos entender: qué sentido tiene la vida”. El camino que hace Dante a raíz de una pregunta que nace de un hondo dolor por la muerte de Beatrice le lleva a una pregunta en donde todos encontramos un hueco: ¿por qué la vida parece que va entregada a la muerte?

La experiencia de Dante pone al lector en un camino de búsqueda. Todo empieza cuando conoce a Beatrice y reconoce que recibe una fuerza y una dignidad desconocida. Tanto es así que se pregunta si ella puede ser la fuente de su felicidad. De repente, comentaba Nembrini, ya no sentía nada como enemigo, nada estaba en contra suyo, todo era para él. Beatrice había producido en él algo que nunca había experimentado antes.

Pero Beatrice muere y aquí comienza la aventura. Porque Dante -decía el profesor italiano- como todos nosotros, se pregunta: yo he venido al mundo con un gran deseo de felicidad, encuentro a esta mujer que me hace pensar que el problema está resuelto. Ella muere. Y aquí el grito desgarrador: ¡¿Por qué?!, ¿puede ser que la vida sea este tremendo engaño?, ¿una promesa traicionada?

Lo que nos desgarra es que es un deseo de infinito, de eternidad. Pero no más allá, aquí. Lo que vivo ahora, ¿durará para siempre? Y no hay ningún hombre en toda la tierra que no haga suya esta pregunta.

Dante, sumido en un dolor inmenso, intenta entender qué ha significado Beatrice para su vida y qué sentido le puede dar a su muerte. A raíz de esta pregunta que le quemaba, coge las poesías que había escrito para Beatrice y al final confiesa que no lo entiende. Para él, el encuentro con Beatrice le había hecho nueva la vida y así nace el nombre de este conjunto de poesías llamado “Vida Nueva”, que acaba con esta promesa parafraseada por Nembrini:

“Ante este soneto aparece ante mí una visión admirable en la cual yo vi cosas que me hicieron prometer no decir nada de esta bendita (Beatrice), hasta que pudiera más dignamente hablar sobre ella. Me afanaré toda mi vida por esto y ella lo sabe. Si vivo lo suficiente, yo espero decir de ella lo que nunca se dijo de ninguna”.

La muerte de su amada le puso en relación con una llamada a hacer algo. Dante intuye que tiene una vocación especial. Intuye, dice Nembrini, que se trata de entender el misterio más grande de la historia: el misterio de la vida.

La comprensión de lo que le ha pasado le permitirá decir de la mujer que ama lo que ninguna filosofía, literatura o religión ha podido decir antes. Cuando Dante comienza a escribir El Infierno, justo después de hacer esa promesa, no escribe nada sobre Beatrice. Solo diez años después comenzará a escribir sobre ella. Después de diez años al fin sabe responder a esa pregunta por el sentido que no le dejó nunca.

Y así lo expresaba Nembrini dando voz a Dante: ¡He entendido! ¡La vida está salvada! ¡Nada de lo que amáis se perderá! Lo dice en su obra de mil maneras. Nembrini destacó el uso que hace Dante de la palabra “estrella”, ya que es con esta con la que Dante cierra los tres cantos.

“¿Qué quiere decir Dante con esto?”, increpaba Nembrini al auditorio.

«Quiere decir que si venís detrás de mí, si tenéis la valentía de hacer este camino, yo os llevo a descubrir que todo es relación con las estrellas, con el infinito. Nada, ni siquiera lo más pequeño de vuestra vida se perderá. O como dice el evangelio: “los cabellos de vuestra cabeza están contados”».

Nembrini interpreta el paraíso de Dante como ese punto de llegada concretísimo y personal. Es su propia historia. El paraíso es la descripción de la experiencia del hombre que, con todo el dolor, puede vivir el paraíso en esta tierra. ¡Es su máximo deseo!

Solo hay una condición, matiza el autor: tener la valentía de vivir como protagonista la propia vida, esto es enfrentar la vida usando toda la razón y todo el corazón.

¿Y qué es usar toda la razón y el corazón? Porque Dios, en el paraíso que encontramos en esta vida, calmándote la sed, paradójicamente, te da más. ¿Pero acaso a nosotros no nos pasa esto en nuestras relaciones?, dice el italiano. Esto es lo que significa “a su imagen y semejanza”.

Cuando Dante habla de Dios explica lo que es la Trinidad. ¿Por qué Dios es trinidad?

“No es el motor inmóvil de Aristóteles. El Dios revelado en Jesucristo y cantado por Dante es el Dios que se mueve siempre. Esto coincide con decir que es amor. Cada una de las tres personas de la Trinidad, para existir, tienen que afirmar al otro. No existo sino como relación contigo. Por eso te busco siempre, te deseo siempre. Cuanto más estoy contigo, más te deseo”.

El amor, dinamismo que se produce en la persona, hace que el deseo de estar juntos crezca siempre más. “El estar contigo aumenta el deseo de estar contigo, esta es la definición del amor”.

Así, Dante nos muestra que la vida en la tierra está gobernada por esta ley. Nembrini incluso dice que pecamos por amor. Erramos en el modo, pecamos porque amamos poco o demasiado, pero siempre se trata de amor. El dinamismo del hombre es siempre un atractivo, una relación, un ponerse en movimiento hacia otro por amor.

Los libros de Franco Nembrini nacen por ese gusto de hablar con Dante sobre qué ha entendido él acerca del misterio de la vida. Cuenta una experiencia que resuena y hace vibrar cada fibra de nuestra humanidad deseante: la muerte no tiene la última palabra. La última palabra, ya en esta vida, la tiene el bien.

Esto es lo que Nembrini ha venido a traer a España. Es la gran provocación: la posibilidad de hacer esta experiencia de la mano de Dante para asomarnos por la ventana de este gran poeta al misterio de la vida. Y nuestro amigo Nembrini ha tenido a bien mostrárnoslo. Preguntarnos por el misterio de la propia vida y que alguien nos acompañe no es poco ni mucho, es todo.

Este artículo ha sido publicado originalmente en Democresía.es y se publica aquí con permiso del autor.

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