Instituto John Henry Newman, Universidad Francisco de Vitoria

Una mirada sobre la muerte

P. Cleomar Ferronato L. C.

El problema del lenguaje adecuado.
Es un misterio, más que un problema. Hablamos de la muerte como un problema y lo es de hecho, pero es mucho más. Es un problema porque en parte podemos encontrar ciertas soluciones. La medicina con su desarrollo va buscando solucionar el tema del sufrimiento al morir, que llegue lo más tarde posible o que no llegue demasiado tarde. Porque si bien queremos que no llegue muy pronto tampoco queremos vivir de forma "indigna". Aunque estamos muy lejos de poder solucionar este problema y de hecho no podemos controlarla, no podemos dominarla, no podemos jugar con ella a nuestro antojo. Puede llegar en cualquier momento o puede retrasarse demasiado.
Pero más allá de ser un problema a solucionar, es sobre todo un misterio. Aunque la medicina nos haga vivir cinco, diez, cincuenta años más o nos evite una muerte con sufrimiento, el problema no está resuelto, queda la parte de misterio, queda una incógnita, quedan las preguntas importantes: "¿qué pasa?, ¿hay algo más?, ¿ese algo más es un seguir sufriendo o purificándome o será tener una vida de verdad plena y feliz y será un descansar de verdad?, ¿y ese cuerpo que se corrompe con la muerte seguirá siendo una dimensión esencial o ya no me hará falta?, ¿y mi perrito querido?, ¿y sobre todo ese deseo de amor y de plenitud que tenemos plantado en nuestro corazón y que no podemos deshacernos de él?, ¿ese yo personal?

Es un hecho.
Además de tener parte de problema y misterio, la muerte sigue siendo un hecho, del cual no podemos escapar, no podemos evitarlo. Es verdad que la medicina y la cercanía de los seres queridos pueden amenizarlo y suavizarlo, pero el fin llegará. El hecho no es tanto la muerte biológica, sino que soy yo quien va a morir.
Por eso la tentación de dominarlo, tanto para evitar, como para pasar sin darse cuenta, es muy limitada, porque el yo se encontrará después de ese momento en otra dimensión o ya no se encontrará. Epicúreo decía la siguiente frase: "cuando tu estás ya no estoy yo, cuando estoy yo, tu todavía no estás". Será realmente así, es posible destruir esa espiritualidad que percibimos tener. Somos solamente una combinación muy perfecta de átomos que con la muerte asumen otra forma material resultado de la descomposición de nuestro cuerpo. Mi identidad personal se pierde en el vacío, se destruye. Mi yo personal ya no estará. Y si estará, ¿de qué manera estará? ¿Se perderá en un yo más grande como una energía cósmica?, o ¿seguiré teniendo esa misma identidad y este mismo cuerpo, aunque de otra manera?

¿Se puede ignorar este hecho, o realmente es un problema la muerte?
Hay gente que dice no tener miedo a la muerte. Puede que se sientan preparados pues han vivido para los demás, han sido generosos y venga lo que venga están tranquilos. "He hecho todo lo que estaba en mis manos y ha llegado el fin". O puede que hayan vivido para sí mismos, sin preocuparse por la vida y por los demás y usan esa frase para justificar su egoísmo y su pasividad ante la vida, o puede que crean en una segunda o tercera o quien sabe cuántas posibilidades más. Lo que les hace vivir sin mucha responsabilidad y sin preocuparse por buscar una respuesta en el tiempo presente, el que les toca vivir.
Hay gente que dice que no busca trascendencia y que le vale con vivir y hacer el bien. ¿Las cosas tienen sentido sin la eternidad? Esas personas que viven y hacen el bien, que aman a personas concretas, que son madres, que son padres, que tienen amigos, esas personas pueden contentarse de verdad con disfrutar de eso mientras dure. El amor humano es algo que podemos controlar a nuestro antojo con un puro acto de voluntad. "Mientras estabas te he amado, ahora que ya no estás te dejo de amar".

Algunos aspectos de la visión cristiana sobre la muerte.
Es lugar sagrado. No se puede tratar superficialmente y hay que evitar dar respuestas fáciles al que ha perdido un ser querido. Es tan fácil de decir cosas sin sentido en este momento o que sean una respuesta sabida de memoria. Por lo tanto respeto y cercanía, afecto y calidez. Saber acompañar, sobre todo si no hemos tenido la misma experiencia de haber perdido un ser querido. Dejar que cada persona madure su dolor, su pérdida. Acompañar en esta maduración. Puede ser momento para encontrar el sentido de la vida o para desesperar, para madurar en la fe o perderla.

El pecado original.
Es el que produce un mal estar en la naturaleza humana, un desequilibrio. Por lo tanto no es parte de la naturaleza humana en su primera versión. Una de las consecuencias es la muerte. Al menos la muerte entendida como un paso angustioso, que produce miedo y dolor. El ser humano estaba creado para vivir eternamente con Dios y el paraíso sería un paso, un tiempo para descubrir y aceptar el amor divino. Porque Dios había creado al ser humano para tenerlo consigo y vivir esa vida de total plenitud con él.

Separación alma del cuerpo (no dualismo, sí dualidad).
Es el momento donde en que el alma se separa del cuerpo, pero no como liberación de un mal, sino como un paso a otro estado. Ese otro estado del cuerpo lo llamamos cuerpo glorioso. El cuerpo por ser material está destinado a la corrupción, pero nos será devuelto en estado glorioso. El alma es una realidad diversa, espiritual que no se corrompe. Pero el alma humana no está hecha para vivir sin el cuerpo y por eso estará ante Dios pero en un estado de espera, hasta que otra vez le sea devuelto este cuerpo que ya no será corruptible y a eso llamamos resurrección de la carne. El alma está hecha para este cuerpo y no para otro y la corporalidad es una dimensión esencial del ser humano.
El alma es inmortal desde el momento que Dios la crea, no puede morir. Por lo tanto el tipo de muerte que le puede suceder al alma es otro, es de no llegar a vivir esa plenitud con Dios para siempre. De no llegar a la vida eterna, esa es la muerte, muerte.

Nuestra fe basada en el amor fiel de un Dios que supera la muerte.
Si bien el amor humano no tiene fuerza para evitar la muerte, hay un amor divino que es de otro calibre. Dios nos crea por amor y nos llevará a estar con él otra vez por amor. Tan fiel y tan amoroso que no tuvo reparos en mandar a su mismo Hijo para que asumiera un cuerpo humano y así pudiera vivir la experiencia de la muerte para poder acompañarnos en este momento. No sólo acompañarnos, sino llevarnos más allá porque él también la superó por amor a nosotros.

La muerte de Cristo es muy poderosa.
La vida de Cristo no se termina el Viernes Santo con la derrota, con aquella manera vergonzosa de morir, sino que resucita para que podamos también resucitar a la vida eterna con él. Cristo no es solamente un modelo muy bonito, sino que Él ha querido pasar por ahí, por esa experiencia para estar con nosotros y llevarnos más allá.
Por lo tanto el cristiano invita a la esperanza, recuerda que hay algo más, que todo no termina con la muerte y que este amor no ha terminado aquí. Estamos llamados a una plenitud muy grande. Que como dice San Pablo, "ni el ojo vio, ni el oído oyó lo que está preparado".

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